Una investigación maliciosamente entretenida.
Magia del corazón.
Georgina era una chica feliz.
Se sentía bien con ella misma, le gustaba su carácter, su forma de ser, nunca solía enojarse, porque decía que eso la envejecía mucho más rápido. También le gustaba jugar al Monopolio y comer fideos, fideos con salsa; pero lo que más le gustaba de todo, era su buen humor y la manera en la que se enfrentaba a los problemas.
Y hasta el momento no había tenido riñas con nadie.
Hasta ese momento.
Sí, porque tanto tener la sonrisa pegada al rostro, pensaba que era tonta y que no escuchaba las conversaciones a diez centímetros de distancia.
Como siempre, había desayunado, las más ricas tostadas con mermelada y leche chocolatada, su abrir del día favorito. Pero entre todo lo bueno tenía que haber algo malo. Porque mientras esperaba a sus demorosas amigas, escuchó un cuchicheo que la dejó helada y su cerebro se paralizó de cualquier pensamiento o acción, por algunos minutos.
Unas chicas que estaban sentadas en la mesa siguiente la estaban tachando de estúpida y de no darse cuenta de nada de lo que pasaba a su alrededor y lo que más le dolió fue lo que estaban diciendo de sus amigas… ¿Qué una de ellas la estaba engañando?, eso no podía ser, debía ser un error al escuchar conversaciones ajenas… Sus amigas no la defraudarían así, no de aquella manera.
Porque al parecer, su “amiga”, quería conquistar a la persona que ella pretendía que fuera su futuro esposo, novio, amante, lo que fuera que se pudiera decir de una forma empalagosa y romántica, lo sería cueste lo que cueste.
No esperó a sus amigas, después de haber escuchado tal rumor ni sus tostadas sabían bien, todo había perdido el sentido, lo que ella pensaba de la verdad y la fidelidad que fue por el inodoro. Se levantó con mirada en alto, dispuesta a saber la veracidad del chisme y sacarse el mal gusto que sentía.
Decidió presentarse en la enfermería del internado, ahí atendía una mujer más o menos de treinta años, era gordita y simpática, además de que siempre percibía lo que uno sentía o necesitaba, era como… Como una madre en la que todos los niños y niñas podían confiar, te entregaba amor por sobre todas las cosas…
No entendía con la facilidad que podía cambiar temas. Empezó con lo del rumor y terminó hablando del cariño maternal que tenía la enfermera del internado.
Le diagnosticaron un dolor de cabeza, no obstante distinguió un cierto brillo de astucia en la señora, parecía que sabía todo lo que pasaba por su mente sencilla.
Día de reposo: quedarse en la pieza, nada de televisión ni computador, comer bien y no hacer movimientos bruscos.
Así que iba a faltar a clases por una tontería.
Bueno, para ella no era una tontería.
¡Quería saber algo!
Algo importantísimo para ella y su futuro.
Bueno, estaba exagerando, pero es que le daba tanta pena y rabia saber que alguna de ellas, sus hermanas, a las que conocía desde hace tanto tiempo, las que sabían todo lo que pensaba y sentía, y a las que obviamente les contaba todos sus secretos, hasta los más íntimos… Podían tratar… de… de… ¡Quitarle a su Christian! ¡El amor de su vida!
Christian era un chico mayor que ella, lo conoció mientras estaba en clases y éste entró a hacer una encuesta justo a su sala, ¿Ven qué el destino los quiere unir?
Él es extremadamente guapo y de inteligencia superior, no tanto como los extraterrestres, porque ellos eran superdotados y apostaba que sabían hasta lo que pensaban todos los humanos, eran tan geniales, le gustaría tener un mejor amigo marciano y que le contara todas las rarezas que hay en su mundo.
Nuevamente cambiando de tema, tendría que dejar ese mal hábito.
Volviendo a Christian, podía decir que era introvertido, tenía un aura de misterio que la envolvía, queriendo saber cada cosa que pensaba. Todo de él era tan atrayente.
Y sus ojos, sus ojos eran lo más hermoso que tenía. Eran gatunos y cambiaban de color con la luz del sol, era algo de otro mundo… ¡Imagínate! ¡Ojos de otro mundo, como los de los marcianos!
Aunque habían muchos más chicos guapos en el colegio, pero a ella le gustaba ése, y punto.
La primera vez que vio a su gatito, como le había puesto, su mundo cambió, hasta se olvidó de E.T. su extraterrestre favorito, y sintió por un momento que se fundía, sus huesos y todo su organismo, fue una sensación de lo más extraña, entre derretimiento y felicidad. Pero no todo era alegría, ya que el chico ni siquiera la miraba, para él ella no existía y eso era tan frustrante.
Pero no se pondría toda depresiva, cuando lo que tenía que hacer era descubrir: ¿Quién de sus amigas era la traidora?
Como odiaba a todos los mentirosos del mundo.
Cuando salió de la enfermería, luego de unas preguntas y revisiones de la enfermera madre, fue corriendo a su pieza a cambiarse de ropa, no podía esconderse entre los arbustos con su uniforme azul.
Se cambió rápidamente y esperó que sonara el timbre para salir a receso.
Marchó a buscar a Christian y lo vio conversando con su eterno amigo, Nicholas, el novio de Ágata.
Nicholas Collin era un chico amable, caballeroso, atractivo y toda esa tontería y cursilería que quiere una chica. Es que no era de su gusto. Pero no podía dejar de admitir que era encantador, si su personalidad lo transmitía y de lejos se notaba.
Además Nicholas era el novio de Ágata, se amaban profundamente desde el primer día en que se vieron y se hicieron novios luego de meses y meses de amistad. Se notaba que había algo más que solo una relación de camaradería en esos dos, todos se dieron cuenta, se notaba a miles y miles de kilómetros.
Hasta el momento nada raro.
Christian se despidió de Nicholas y se fue con rumbo desconocido. Quizá iba al baño… O a encontrase con la chica roba-futuros-novios, esa detestable que se hace llamar su amiga.
Lo siguió escondiéndose donde podía, en los basureros, detrás de las puertas y atrás de algunos chicos y chicas que estaban justo delante suyo, claro que se ganaba unas miradas de personas extrañadas por su raro comportamiento, pero eso era menos comparada con su horrible, no, terrible problema.
Y de tanto pedir disculpas a los chicos y buscar nuevos escondites para cada vez estar más cerca de él, se dio cuenta de que Christian iba al baño, ¡Qué pérdida de tiempo!
Así que se puso a esperar sentada a fuera del baño de hombres, sintió que alguien se acercaba y esa persona le empezó a hablar.
- Niña, todos te están mirando raro – dijo una chica pelinegra que usaba dos grandes moños, mientras se agachaba para verla a los ojos. Esta niña la observó por unos cuantos minutos, rió y dijo débilmente – Tú tienes mal de amores, y si quieres espiarlo o hablarle, podrías tratar de que él no te tuviera miedo, ¡Estaba arrancando de ti!
Gina se paró y encaró a la otra - ¿Qué?, pero si fui lo más disimulada que hay – miró hacia todos lados y se fijó que todos la observaban extrañados y la apuntaban, Gina no pudo contener sus emociones y enrojeció hasta las orejas, soltó un gritito agudo y se tapó la cara.
- Si quieres yo te ayudo, en espiar y hacer pasar malos momentos a algunas personas, sí soy buena – habló la otra – es mucho mejor que matemáticas.
- Tienes razón Andrómeda, no me rendiré por nada – gritó Georgina alzando los brazos en pose triunfante.
- Pero yo no dije eso – reaccionó la pelinegra, mirando boquiabierta y media interrogativa a la otra, al parecer Gina estaba escuchando lo que quería escuchar.
- ¡Vamos, hay que esperar a que salga!
- Christian salió hace más de media hora… Que raro, no ha sonado el timbre…
Ambas dieron unas cuantas vueltas por el internado buscando al desaparecido, cuando sintieron una risa escandalosa que venía desde el final del pasillo que ellas estaban recorriendo.
Se escondieron detrás de un basurero y los chicos pasaron corriendo por el lado de ellas, sin siquiera notarlas. Los tres niños pasaban a gran velocidad por el pasillo, tirándose globos de agua y mojando a todos los que se atravesaban en su camino.
- ¡James, no me dijiste que lo de los globos era hoy! ¡Tonto! – gritó Andrómeda enojadísima con él, ella había planeado eso y se lo había contado sólo al chico nombrado, pero al parecer la dejó fuera. ¡Que idiotas, que rabia le daba!
Bueno, pero esos idiotas se caracterizaban por tres grandes razones:
1. Faltan a clases muy seguido.
2. Se sacan buenas notas… Que condenados.
3. Hacer bromas como nadie.
Andrómeda también pertenecía al grupo, pero ella le gustaba también juntarse con sus nuevas amigas y hablar cosas de chicas.
Y eran sin más ni menos, que conocidos en todos los alrededores. En serio, si preguntas por cualquiera de esos tipos, todos te responden algo. La gran mayoría ama a ese trío divertido, pero los que quedan, mejor no hablemos de los que quedan.
Sus nombres eran Matt, Mark y el otro, ya antes nombrado, James.
James era un chico conflictivo, travieso, idiota, mujeriego… Amable, simpático, extremadamente lindo… Y Georgina miró extrañada a la otra chica.
- ¡No me interrumpas a la mitad de mi relato! ¡Justo estaba en mujeriego! - Gina puntó con el dedo acusador a Andrómeda.
- Bueno, pero yo no estaba pensando eso… - la pelinegra estaba ofendida, puso los ojos llorosos mientras apuntó a Gina- Tú eres mala… ¡Mala!
Andrómeda salió corriendo mientras sobreactuaba que estaba llorando. Pero cuando iba cruzando el pasillo paró en seco. La otra chica se acercó a ver que pasaba y la pelinegra empezó a reír ruidosamente.
Christian estaba todo mojado, esa fue la visión de Andro.
Pero la visión de Gina fue completamente diferente, ver al chico que te gusta con toda la ropa pegada al cuerpo, mostrando toda su figura, además del cabello húmedo, ¡Uh, pero que visión!
Christian se sacudió el cabello.
Era la imagen más bella y sensual que la pobre e inocente Gina había visto en su pura y casta vida.
- A que es guapo – susurró Gina, lo bastante alto como para que se escuchara en el solitario pasillo.
- ¡Cállate, que nos escucha! – dijo Andrómeda mientras le pegaba a la otra, quien empezó a chillar.
Y el pobre Christian que no tenía culpa de ser tan lindo, miraba enrarecido la graciosa escena que protagonizaban las dos locas. Decidió escabullirse para que dejaran de seguirlo de una buena vez. Y esos malditos niñatos del demonio que pasaron tirándose globos de agua, ni miraron si había alguien o no, el globo que le llegó a él, perfectamente podría haberle llegado a cualquiera. Esos inconcientes, cuando los viera les pegaría donde más les duela para que se dejen de joder.
Es que Christian es un chico de poca paciencia y sin sentido del humor.
Entonces él decidió ir a secarse a plena luz del sol. Así que la mejor decisión era ir mientras dejaba a las dos tontas peleando tranquilas y en plena intimidad… La intimidad que te puede entregar un pasillo, claro.
Andrómeda se dio cuenta de que Christian se quería escabullir de ellas y tomó a Gina del pelo y se la llevó arrastrando, mientras ésta gritaba y trataba de soltarse. Pero así era la única forma de proseguir con la investigación.
Iban caminando en las puntitas de los pies, para no meter ruido, Georgina le había pegado en la mano a su amiga para que soltara su cabello rizado. Pero cuando menos se lo esperaron, vieron una escena bastante extraña.
Samantha, la amiga depresiva, enamoradiza, cariñosa, a veces un poco regodeona con los modales, y la única rubia del grupo. Junto con Matt, un chico medio loquillo que se dejaba querer.
- ¿Qué no habían terminado? – Preguntó Gina, desconcertada, ¡Estaba segura que hace un día la chica se había estado atragantando con helado de chocolate, ahogándose con las lágrimas por la pena que tenía! ¡Y hoy nuevamente se estaba besando con él!
Andrómeda siguió caminando, mirando furtivamente hacia todos lados – Es que es una chica con un carácter cambiante… Un día lo ama, otro lo odia, y otro… No hace nada. Pero lo malo es que para nosotras es como las cebollas, nos hace llorar – Se notaba que a la chica le importaba muy poco esa pareja, es que era verdad, un día estaban de novios, otro no, y otro solo andan. Es inaudito – Deberías acostumbrarte, ellos terminarán, pero no dudes de que ellos volverá, quizá a la hora siguiente.
Amabas retomaron su camino, habían perdido un valioso tiempo deteniéndose a mirar a los, nuevamente, “tortolitos”.
- Bueno – pensó Gina – No puede ser Samantha, porque ella está profundamente enamorada de Matt, así que queda completamente descartada de la investigación.
Las chicas se detuvieron a comer en el casino, que estaba repleto, la castaña, Gina, se extrañó porque era hora de clases para muchos. Almorzaron mientras miraban de reojo a Christian que estaba con ropa seca, unas cuantas mesas más allá.
- Mira – dijo Andrómeda mientras apuntaba sin disimulo hacia una parte escondida de por ahí – Ágata y Nicholas están almorzando juntos, ¡Es que aquí está pasado a amor! ¡El mundo huele a amor! – la pelinegra empezó a hacer corazones con los dedos de su mano, que eran un tanto deformes, corazones deformes.
- Sí, tienes toda la razón – continuó Gina, muy en el fondo, le hubiera gustado estar así, comiendo junto a Christian, conversando sobre las clases y sobre las citas que algún día podrían tener.
La castaña eliminó a una de sus amigas del escudriñamiento para ver quien era la traidora, sólo quedaban Ashley y Andrómeda, le daba mucha tristeza tener que averiguar eso, sobre sus dos mejores amigas. no podía ser cierto, debía ser una mala broma del destino… Es que ninguna de ellas sería capaz de hacer eso… ¡Qué cruel era la vida!
- Andro, ¿Tú crees que las amigas se puedan dan puñalazos por la espalda a causa de un chico? – preguntó Gina con lagrimitas asomándose por sus ojos fucsias.
- No vale la pena pelear y arruinar la amistad por un hombre, ¡Sería caer muy bajo! – respondió la pelinegra tomando, luego, un poco de jugo, pero la pregunta le cayó como patada en el estómago. ¿Qué estaría pasando por la mente de Georgina? ¿Qué alguna la estaba engañando?... Que feo sería si eso estuviera ocurriendo.
Andrómeda se quedó pensando en la extraña situación que estaban viviendo, persiguiendo a un chico casi completamente desconocido, por quien sabe que motivo. Se levantó del sitio donde estaba sentada y con explicaciones absurdas se fue, porque tendría que enterarse de eso, tarde o temprano. Amenazar a Christian sería lo mejor, ya que con palabras limpias él jamás entendería la gravedad de la situación.
Se dirigió a una banca donde siempre el chico se sentaba luego del almuerzo, si Gina no sabía eso debía ser realmente estúpida o ciega, pero bueno, se sentó con él y empezó con su gran discurso. Pero como ella pensó del principio, el chico era un tonto en temas de mujeres.
Como casi todos los chicos.
Georgina se quedó sola en medio de la multitud de chicos que entraban y salían del casino, no se había fijado que Christian ya había partido hacia mucho rato. Así que se levantó con desgano y fue, hacia nadie sabe donde. Y mientras vagaba, vio a Ashley conversando con el chico que le gustaba, Michael parece que se llamaba, el chico era todo un astro en el fútbol y era de esos populares que todo el grupo de porristas huecas querían estar con él, pero el tipo era un rarito.
Ashley quedó fuera de su lista, la tachó mentalmente.
La chica era demasiado buena amiga como para hacerle algo así, siempre un podía contar con ella para lo que fuese, era divertida y sabía mucho de moda y estilo. También era tutora de los chicos de primero, era extraordinaria.
Pero entonces, la única que quedaba era Andrómeda, que difícil decisión.
- ¿Dónde está Christian? – susurró. Comenzó a caminar velozmente.
Pero cuando iba trotando por el lugar, la escena que dio la dejó más que muda, y toda la sarta de estupideces que iba a decir quedaron en el olvido.
Por qué Andrómeda, su amiga del alma, y Christian, su eterno amor, estaban juntos.
Pero ella tenía que saber la verdad, no se iba a quedar con la duda. Tenía que saber cual era la verdad, si era una verdad buena o mala. Así que se escondió donde nadie la podía ver, en los arbustos.
- Gina está actuando extraño, es como si pensara que una de nosotras anda contigo, y eso es lamentable, porque realmente no conocería nuestros gustos y eso diría que no escucha nada cuando conversamos con ella – Georgina se sintió muy mal al escuchar esto, no sabía lo mal amiga que había sido dudando de una de sus amigas.
- No es mi problema, no estoy obligado a serle fiel ni mucho menos, ella no me gusta, lo siento – a la pobre chica espía casi de le parte el alma al escuchar lo que el bruto de Christian decía, pero debía ser fuerte, soportar el dolor para ver que era lo que tramaban.
- No te estoy pidiendo nada del otro mundo, dile lo que pasa o… o vas a tener que soportar las graves consecuencias de jugar con ella – la chica metió la mano a un bolso que andaba trayendo consigo.
- ¿O qué? ¿Me van a matar?
- Somos diez contra uno, ve tú lo que podemos hacer – ella iba sacando de a poco la mano del bolso, y traía algo cargando con ella.
- Ustedes con cuatro chicas todas anoréxicas y con falta de neuronas, no veo que me puedan hacer algo – dijo levantándose, y encarando a la chica, enojado.
- Es que yo cuento por siete – Andrómeda sacó un arma y apuntó directamente a la cabeza de éste. Gina casi se desmaya.
- Lo único que pido es que la trates bien – Christian nunca antes había temido por su vida, sabía algo del pasado oscuro de la chica, tanta junta con molestosos había afectado la personalidad de ésta y ahora, le apuntaba directo al cráneo. Y como consecuencia estaba tiritando como un fideo, un fideo cocido, y tiritaba mucho… Mucho.
- Está bien, tú ganas – Christian levantó las manos y cerró los ojos mientras contaba hasta mil, para calmarse.
El pobre chico quedó traumado por haber tenido una pistola a centímetros de su cabeza, él empezó a caminar rapidito, casi corriendo. Georgina salió de los arbustos y se puso al lado de la chica, quien seguía parada, con una sonrisa de satisfacción.
- ¿Es una rama de verdad? – preguntó Gina para poder salir de la gran curiosidad que la carcomía por dentro.
- Obvio que no, tonta ¿Acaso me vez con la edad y el permiso para poder tener y ocupar una?, además todos cuándo tienen miedo piensan que es verdad… Bola de imbéciles – dijo Andrómeda riendo y besando la pistola de mentira – si la vez de cerca es papel y pegamento, nada que un niño de primer año básico no pueda hacer… Pero cuando sea grande, compraré una, si es que no tengo una de contrabando.
- Gracias – dijo Gina mirando hacia el suelo, tratando de ocultar la vergüenza que sentía por haber dudado de sus amigas.
Al principio, Andrómeda no entendió, luego solo sonrió para sí misma y respondió con una afirmación.
- ¿Siempre supiste que yo estaba escuchando la conversación? – preguntó Gina mientras se sentaba en la banca que hace poco, Christian estaba ocupando.
- Todo el rato – Andrómeda la siguió y se sentó al lado de ella.
- ¿Cómo que nadie está en clases? –
- Los profesores están haciendo un consejo extraordinario, no hemos tenido desde la segunda hora clases, ¿No te lo había mencionado?...
Las dos chicas se quedaron conversando, luego apareció Samantha que venía del almuerzo, para comunicarles la noticia de que había vuelo con Matt, y a los minutos llegaron Ashley y Ágata contando sobre la obra de teatro que presentarían los cuartos años en el auditorio.
¿Qué cosas, no?, Gina se prometió a sí misma nunca más creer los tontos rumores de pasillos, casi le cuesta la amistad con las chicas que tanto les había costado formar.
Bueno… ¿Cuál será la próxima aventura?
10/7/09
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