10/7/09

La foto!

La foto.
Magia del corazón.


Andrómeda Thompson había esperado un mes para el regalo que sus padres le habían enviado.

Una cámara fotográfica.

Una cámara de color plomo, pequeñita y con muchos megapíxeles que hizo que todos fueran muy felices. Sí, todos, porque la condición que le habían puesto sus padres era que tomara muchas fotos, a todos sus amigos y que se las mandara.

La primera foto que sacaron fue el pie con hongos de Mark. Era lo más cercano a algo extrañamente ridículo que habían encontrado en aquel momento. Claro que después de verla en el computador portátil de Ágata fue tan asqueroso que la borraron enseguida. Pero si salió eso, podrían salir muchas, muchas cosas más terribles.

Habían decidido reunirse en el pequeño parque que había en el internado, para tomarse fotos grupales.

Tenían que estar todos.

El primer día fueron todos, bueno, no todos, Christian tenía que enseñarle a Georgina sobre Biología y Nicholas tenía que ir a ver a su madre que estaba enferma y no iba a poder asistir en toda la semana. Decidieron que se congregarían el próximo viernes.

Pero la chica tenía que enviar fotos a sus padres ese mismo día y no tenía ninguna, así que les tomó unas cuantas fotos a Mark, Matt y James, y las envió.

Sus padres dijeron que no se juntara más con esos niñitos del demonio, que eran unos sinvergüenzas y que por culpa de ellos no pudo asistir a la licenciatura de octavo básico. Pero aquello era imposible, ya que eran sus amigos del alma y no dejaría de verlos nunca, punto. Se juntaron el viernes que habían quedado. Llegaron sólo Samantha, Ágata, Nicholas y Ashley. A los demás se los tragó la tierra. Les sacó unas cuantas fotos al grupito y las mandó, sus padres no respondieron enseguida, se demoraron más o menos tres semanas y lo único que se les ocurrió decir era que hacer amistades con chicas, la iba a poner más femenina. Y que Nicholas tenía una cara… Especial.

Se murió de la risa, al leer el mensaje de sus padres.

Pero necesitaba tomarles una foto, fuera como fuera.

Persiguió a Christian, y cuando estaba leyendo un libro de algo totalmente aburrido, le tomó una foto… Un tanto rara, ya que salía con el dedo en la nariz y los ojos en blanco, ¿Cómo era que leía ese niño?, seguramente Gina se iba a desmallar cuando viera esa genial imagen tomada por la siempre lista, cámara Grik.

Grik era el nombre de la cámara, un nombre que nadie más que ella podía saber.

Luego le tomó una foto Michael, el chico futbolista. Una foto muy buena, donde él sale metiendo un gol… En su propio arco. Un autogol para recordar. Imprimiría la imagen y la enmarcaría como el momento más gracioso del pobre chico.

La cara de Michael era entre sorpresa y angustia, tenía sus dos manos tomándose la cabeza y estaba arrodillado en el suelo. Y de fondo la pelota dentro del arco y los de su mismo equipo con una cara… ¡Uf, que buena cara!, ojala el chico nunca encuentre esa imagen.

Buscó a Scott y lo encontró haciendo sus tareas en la biblioteca del colegio. En lo más alejado de la biblioteca, mejor dicho. Él estaba sentado en un puff, escribiendo algo en un cuaderno que salía un tipo haciendo Surf. Luego se dio cuenta de la presencia de la pequeña Andrómeda y le sonrió a Grik.

Una hermosa foto… La mejor de todas.

Al día siguiente, en clases, le tomó una foto a su profesor jefe, el hermano mayor de Christian, el “amigo” de Georgina y amenazado por convivencia de Andrómeda.

El profesor salía riendo y en todo su esplendor. Sus ojos azules brillando más que nunca y su cabello negro alumbrado por la luz del sol lo hacía ver mágico… Andrómeda suspiró al ver la foto.

Luego le tomó unas cuantas fotos al trío de idiotas. Salían corriendo y con el cabello mojado… Toda la ropa mojada, ¿Aún seguían con eso de los globos de agua?

Luego llamó a las chicas y le dijo a Scott si les podía tomar algunas fotos para el recuerdo. Scott sonrió amablemente y aceptó.

Sacaron más de cincuenta imágenes, todas diferentes.

En algunas salían haciendo caras graciosas, en otras salían como modelitos, pero todas las fotos eran muy buenas y tenían el título de que son de las mejores imágenes que jamás se habían tomado en la historia de la humanidad.

Bueno, siguiendo con las fotos, las revisó una por una y descubrió algo interesantísimo.

En una de las tantas imágenes, cuando las abrió en su portátil, vio que había unas luces blancas en el cielo que estaba completamente celeste, sin nubes, totalmente despejado, y en ese sector del colegio no habían luces ni nada. Era muy raro.

- Quizá estemos frente a la prueba de que existen los extraterrestres – dijo Georgina mientras se colocaba unos lentes que ocupaba para leer y hacer tareas. Puso la fotografía en la luz y miró fijamente por un rato, luego que pasaran unos minutos sus ojos se fueron juntando en el centro. Estaba bizca.
- ¡Gina!, Por Dios, no pongas los ojos así – dijo Samantha mientras se tapaba los ojos para no ver la graciosa cara que había puesto la chica - ¡Te puedes quedar así!

Todas las demás estaban riendo a carcajadas, incluso Gina, Sam, que no estaba tan acostumbrada a ese tipo de cosas, reaccionó así.

La imagen con las luces ya no sólo la conocían las chicas, sino que también los chicos, y casi todo el internado, hasta los profesores tenían alguna que otra opinión sobre la extraordinaria imagen. Era algo sobrenatural y que les había pasado a unas chicas del colegio que eran completamente normalitas. Bueno, no tanto, pero igual.

Tocaba lenguaje, con el profesor más bello del mundo entero.

¿Qué?, todas las chicas pensaban eso, hasta Grik pensaba eso, es que era de esas personas que siempre salen perfectos en las fotos sin necesidad de tomarse veinte mil fotos. No como Christian, todas las que le había tomado salían mal. Salía rascándose partes privadas, hurgándose la nariz, caras graciosas… Era extraño, no tenía espíritu de fotografía. Quizá debería advertirle a Gina, por si sale mal en la foto del matrimonio.

Bueno, el profesor ya estaba enterado de la fotografía con toques paranormales, pero, como siempre, entró riendo a la sala con cara de yo-no-sé-nada, que nadie le creía ni un poco. Hizo lo que hace cualquier profesor al entrar a su clase, como pasar la lista y firmar en una hoja que pocos alumnos saben de que se trata y llamó a Andrómeda.

Al pasar del tiempo, todos tenían su propia opinión de la imagen, como que era un espíritu, un marciano, algo sobrenatural, un fantasma o un millón de cosas más.

Ella, que ya se creía el cuento de su fotografía sorprendente, fue donde el profesor que la miraba tranquilamente.

- Señorita, me gustaría que pudiéramos hablar de esa fotografía que ha causado tanto revuelo en el internado – como si hubiera mucho de que hablar aquí, pensó Andrómeda – quería decirle que ya sé que es, pero tengo miedo de la reacción de usted y la de sus compañeros.
- ¿Qué pasa profesor? – dijo ella, completamente curiosa por lo que podía decirle su maestro - ¿Tiene algo de malo que esté por todos lados?
- No, nada de eso, lo que pasa, es que ya sé porque salió esta inexplicable marca de color blanco – Andrómeda no entendía lo que quería decir el profesor, mejor dicho, no quería aceptar que ya habían encontrado una respuesta a esa pregunta que todo el mundo se hacía – Es un reflejo.

Un reflejo.

Un reflejo.

Un… ¡Maldito reflejo impertinente!

Como le gustaría que los reflejos respiraran y vivieran para poder matarlos a cada uno de la peor forma posible. Era totalmente inhumano que, después de todo esto, se dijera que no era nada más ni nada menos que…

Un reflejo.

- ¿Un reflejo? – Andrómeda estaba que se atragantaba con su propia saliva, estaba pálida y no procesaba la información rápidamente - ¿Un… reflejo?
- Sí, me puse a investigar la fotografía, me parecía extraño que aparecieran ése tipo de cosas y, luego de una exhaustiva investigación, llegué a la conclusión de que era un reflejo.
- Profesor, usted se da cuenta de lo malo e insensible que puede llegar a ser – El maestro se arregló los lentes, y encogió los hombros.

Ahora, que miraba solitariamente, en el baño de niñas, la imagen, no tenía nada de raro, y se podía ver el reflejo de la ventana con la lente de la cámara.

La vida era injusta cuando se lo proponía, siempre moviendo las piezas que arruinan la diversión, apostaba que ahora todos iban a saber lo del engaño. En realidad no era engaño, porque ella tampoco tenía idea de que era algo falso, ni mucho menos, pero es que…

Bueno, debía aceptarlo.

Y luego de mandar a exorcizar la fotografía le habían dicho eso.

Tendría que decirla al pobre sacerdote que se fuera, porque ahí no había ni un trabajo que hacer.

Ni marcianos, ni la NASA, ni nada.

Todo este revuelo por una simple fotografía.

La foto.

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