aqui estan los cortos de 3 chicas, pero falto unoo! :S Andromedaa! nos vemos! Cotaa!
Samantha
Era un día soleado, y como todos los viernes, Samantha miraba entretenida como los niños hacían Educación Física, bueno, miraba específicamente a su querido Matt. Hace un día, tan solo un día, habían terminado por que ella, cuando fueran grandes, quería tener una casa en el campo y él, un departamento en la playa. Sí, una reverenda estupidez, pero en ese momento fue importante.
Lo observaba detenidamente, era un ángel sin alas, era su todo y lo amaba profundamente desde que empezaron a salir, y ese amor puro aumentó cuando él le propuso que fuera su novia. En ese instante, incluso vio elefantes rosa volando a su alrededor.
Luego de un rato, al acabar las clases, fue al baño. Siempre iba al baño a acicalarse en el receso de clases. Y cuando iba caminando por el pasillo, apareció Matt con la ropa deportiva. Estaba todo sonrojado por los ejercicios y el pelo estaba completamente revuelto, como a ella le gustaba.
Él la agarró del brazo firmemente y la besó. Ella quedó perpleja, pero respondió al romanticismo de su exnovio.
- Espero nunca más pelear contigo por tonteras – dijo él separándose lentamente de ella.
- Nunca más – respondió Samantha y lo abrazó fuertemente.
Ashley
Ashley miraba a cada instante el reloj de la sala.
Esperaba atentamente que tocaran para salir al receso, así ver a su querido Michael, él estaba haciendo, como todos los chicos del curso, Educación Física, pero él siempre se quedaba jugando con un grupo de amigos a su deporte favorito, fútbol.
Al tocar, agarró su bolso y emprendió el camino.
Quería pedirle que fueran novios, ya que el chico jamás se iba a animar a decírselo, como también era tonto pensar que él fuera a proclamar a los cuatro vientos el amor que se tenían.
Cuando lo vio, fue corriendo y comenzó a decirle todo lo que había practicado para aquel momento crucial en su vida.
- ¿Quieres ser mi novio? – le soltó de golpe, luego de un rato de rutinaria conversación.
- Sí – dijo él sin mucha emoción – pero con una condición – la chica enamorada no puso atención, pues todo lo que quería era estar con él e iba a aceptar cualquier cosa – nadie debe saber lo nuestro.
Ágata
Ágata estaba almorzando tranquilamente al lado de Nicholas, jugaba con las verduras que estaban en su comida, quitando la cebolla cocida, pues no le agradaban mucho.
Nicholas, mientras tanto. La miraba con sus hermosos ojos verdes, llenos de ternura y con un dejo de tristeza ignorada.
- Espero que algún día podamos besarnos al frente del mundo – comentó Nicholas, ahora volteando su cabeza para observar a la dulce pareja que andaban unidos de la mano.
- Sabes que me gustaría, pero eso es íntimo, no quiero compartirlo con los demás – dijo ella bebiendo un poco de su jugo.
- Luego no me reclames – advirtió él, parándose con su bandeja y dejando sola a la chica.
- ¿Qué quieres… decir con eso? – susurró al viendo Ágata, luego de algunos segundos, y sin querer, una lágrima se deslizó por su mejilla.
y si quiren maas espereen a qe salgo nuetro PPL (proximo primer libro) byee Cotaaa! ( Sam&Matt)
10/7/09
Una Investigacion Maliciosamente Entretenida!
Una investigación maliciosamente entretenida.
Magia del corazón.
Georgina era una chica feliz.
Se sentía bien con ella misma, le gustaba su carácter, su forma de ser, nunca solía enojarse, porque decía que eso la envejecía mucho más rápido. También le gustaba jugar al Monopolio y comer fideos, fideos con salsa; pero lo que más le gustaba de todo, era su buen humor y la manera en la que se enfrentaba a los problemas.
Y hasta el momento no había tenido riñas con nadie.
Hasta ese momento.
Sí, porque tanto tener la sonrisa pegada al rostro, pensaba que era tonta y que no escuchaba las conversaciones a diez centímetros de distancia.
Como siempre, había desayunado, las más ricas tostadas con mermelada y leche chocolatada, su abrir del día favorito. Pero entre todo lo bueno tenía que haber algo malo. Porque mientras esperaba a sus demorosas amigas, escuchó un cuchicheo que la dejó helada y su cerebro se paralizó de cualquier pensamiento o acción, por algunos minutos.
Unas chicas que estaban sentadas en la mesa siguiente la estaban tachando de estúpida y de no darse cuenta de nada de lo que pasaba a su alrededor y lo que más le dolió fue lo que estaban diciendo de sus amigas… ¿Qué una de ellas la estaba engañando?, eso no podía ser, debía ser un error al escuchar conversaciones ajenas… Sus amigas no la defraudarían así, no de aquella manera.
Porque al parecer, su “amiga”, quería conquistar a la persona que ella pretendía que fuera su futuro esposo, novio, amante, lo que fuera que se pudiera decir de una forma empalagosa y romántica, lo sería cueste lo que cueste.
No esperó a sus amigas, después de haber escuchado tal rumor ni sus tostadas sabían bien, todo había perdido el sentido, lo que ella pensaba de la verdad y la fidelidad que fue por el inodoro. Se levantó con mirada en alto, dispuesta a saber la veracidad del chisme y sacarse el mal gusto que sentía.
Decidió presentarse en la enfermería del internado, ahí atendía una mujer más o menos de treinta años, era gordita y simpática, además de que siempre percibía lo que uno sentía o necesitaba, era como… Como una madre en la que todos los niños y niñas podían confiar, te entregaba amor por sobre todas las cosas…
No entendía con la facilidad que podía cambiar temas. Empezó con lo del rumor y terminó hablando del cariño maternal que tenía la enfermera del internado.
Le diagnosticaron un dolor de cabeza, no obstante distinguió un cierto brillo de astucia en la señora, parecía que sabía todo lo que pasaba por su mente sencilla.
Día de reposo: quedarse en la pieza, nada de televisión ni computador, comer bien y no hacer movimientos bruscos.
Así que iba a faltar a clases por una tontería.
Bueno, para ella no era una tontería.
¡Quería saber algo!
Algo importantísimo para ella y su futuro.
Bueno, estaba exagerando, pero es que le daba tanta pena y rabia saber que alguna de ellas, sus hermanas, a las que conocía desde hace tanto tiempo, las que sabían todo lo que pensaba y sentía, y a las que obviamente les contaba todos sus secretos, hasta los más íntimos… Podían tratar… de… de… ¡Quitarle a su Christian! ¡El amor de su vida!
Christian era un chico mayor que ella, lo conoció mientras estaba en clases y éste entró a hacer una encuesta justo a su sala, ¿Ven qué el destino los quiere unir?
Él es extremadamente guapo y de inteligencia superior, no tanto como los extraterrestres, porque ellos eran superdotados y apostaba que sabían hasta lo que pensaban todos los humanos, eran tan geniales, le gustaría tener un mejor amigo marciano y que le contara todas las rarezas que hay en su mundo.
Nuevamente cambiando de tema, tendría que dejar ese mal hábito.
Volviendo a Christian, podía decir que era introvertido, tenía un aura de misterio que la envolvía, queriendo saber cada cosa que pensaba. Todo de él era tan atrayente.
Y sus ojos, sus ojos eran lo más hermoso que tenía. Eran gatunos y cambiaban de color con la luz del sol, era algo de otro mundo… ¡Imagínate! ¡Ojos de otro mundo, como los de los marcianos!
Aunque habían muchos más chicos guapos en el colegio, pero a ella le gustaba ése, y punto.
La primera vez que vio a su gatito, como le había puesto, su mundo cambió, hasta se olvidó de E.T. su extraterrestre favorito, y sintió por un momento que se fundía, sus huesos y todo su organismo, fue una sensación de lo más extraña, entre derretimiento y felicidad. Pero no todo era alegría, ya que el chico ni siquiera la miraba, para él ella no existía y eso era tan frustrante.
Pero no se pondría toda depresiva, cuando lo que tenía que hacer era descubrir: ¿Quién de sus amigas era la traidora?
Como odiaba a todos los mentirosos del mundo.
Cuando salió de la enfermería, luego de unas preguntas y revisiones de la enfermera madre, fue corriendo a su pieza a cambiarse de ropa, no podía esconderse entre los arbustos con su uniforme azul.
Se cambió rápidamente y esperó que sonara el timbre para salir a receso.
Marchó a buscar a Christian y lo vio conversando con su eterno amigo, Nicholas, el novio de Ágata.
Nicholas Collin era un chico amable, caballeroso, atractivo y toda esa tontería y cursilería que quiere una chica. Es que no era de su gusto. Pero no podía dejar de admitir que era encantador, si su personalidad lo transmitía y de lejos se notaba.
Además Nicholas era el novio de Ágata, se amaban profundamente desde el primer día en que se vieron y se hicieron novios luego de meses y meses de amistad. Se notaba que había algo más que solo una relación de camaradería en esos dos, todos se dieron cuenta, se notaba a miles y miles de kilómetros.
Hasta el momento nada raro.
Christian se despidió de Nicholas y se fue con rumbo desconocido. Quizá iba al baño… O a encontrase con la chica roba-futuros-novios, esa detestable que se hace llamar su amiga.
Lo siguió escondiéndose donde podía, en los basureros, detrás de las puertas y atrás de algunos chicos y chicas que estaban justo delante suyo, claro que se ganaba unas miradas de personas extrañadas por su raro comportamiento, pero eso era menos comparada con su horrible, no, terrible problema.
Y de tanto pedir disculpas a los chicos y buscar nuevos escondites para cada vez estar más cerca de él, se dio cuenta de que Christian iba al baño, ¡Qué pérdida de tiempo!
Así que se puso a esperar sentada a fuera del baño de hombres, sintió que alguien se acercaba y esa persona le empezó a hablar.
- Niña, todos te están mirando raro – dijo una chica pelinegra que usaba dos grandes moños, mientras se agachaba para verla a los ojos. Esta niña la observó por unos cuantos minutos, rió y dijo débilmente – Tú tienes mal de amores, y si quieres espiarlo o hablarle, podrías tratar de que él no te tuviera miedo, ¡Estaba arrancando de ti!
Gina se paró y encaró a la otra - ¿Qué?, pero si fui lo más disimulada que hay – miró hacia todos lados y se fijó que todos la observaban extrañados y la apuntaban, Gina no pudo contener sus emociones y enrojeció hasta las orejas, soltó un gritito agudo y se tapó la cara.
- Si quieres yo te ayudo, en espiar y hacer pasar malos momentos a algunas personas, sí soy buena – habló la otra – es mucho mejor que matemáticas.
- Tienes razón Andrómeda, no me rendiré por nada – gritó Georgina alzando los brazos en pose triunfante.
- Pero yo no dije eso – reaccionó la pelinegra, mirando boquiabierta y media interrogativa a la otra, al parecer Gina estaba escuchando lo que quería escuchar.
- ¡Vamos, hay que esperar a que salga!
- Christian salió hace más de media hora… Que raro, no ha sonado el timbre…
Ambas dieron unas cuantas vueltas por el internado buscando al desaparecido, cuando sintieron una risa escandalosa que venía desde el final del pasillo que ellas estaban recorriendo.
Se escondieron detrás de un basurero y los chicos pasaron corriendo por el lado de ellas, sin siquiera notarlas. Los tres niños pasaban a gran velocidad por el pasillo, tirándose globos de agua y mojando a todos los que se atravesaban en su camino.
- ¡James, no me dijiste que lo de los globos era hoy! ¡Tonto! – gritó Andrómeda enojadísima con él, ella había planeado eso y se lo había contado sólo al chico nombrado, pero al parecer la dejó fuera. ¡Que idiotas, que rabia le daba!
Bueno, pero esos idiotas se caracterizaban por tres grandes razones:
1. Faltan a clases muy seguido.
2. Se sacan buenas notas… Que condenados.
3. Hacer bromas como nadie.
Andrómeda también pertenecía al grupo, pero ella le gustaba también juntarse con sus nuevas amigas y hablar cosas de chicas.
Y eran sin más ni menos, que conocidos en todos los alrededores. En serio, si preguntas por cualquiera de esos tipos, todos te responden algo. La gran mayoría ama a ese trío divertido, pero los que quedan, mejor no hablemos de los que quedan.
Sus nombres eran Matt, Mark y el otro, ya antes nombrado, James.
James era un chico conflictivo, travieso, idiota, mujeriego… Amable, simpático, extremadamente lindo… Y Georgina miró extrañada a la otra chica.
- ¡No me interrumpas a la mitad de mi relato! ¡Justo estaba en mujeriego! - Gina puntó con el dedo acusador a Andrómeda.
- Bueno, pero yo no estaba pensando eso… - la pelinegra estaba ofendida, puso los ojos llorosos mientras apuntó a Gina- Tú eres mala… ¡Mala!
Andrómeda salió corriendo mientras sobreactuaba que estaba llorando. Pero cuando iba cruzando el pasillo paró en seco. La otra chica se acercó a ver que pasaba y la pelinegra empezó a reír ruidosamente.
Christian estaba todo mojado, esa fue la visión de Andro.
Pero la visión de Gina fue completamente diferente, ver al chico que te gusta con toda la ropa pegada al cuerpo, mostrando toda su figura, además del cabello húmedo, ¡Uh, pero que visión!
Christian se sacudió el cabello.
Era la imagen más bella y sensual que la pobre e inocente Gina había visto en su pura y casta vida.
- A que es guapo – susurró Gina, lo bastante alto como para que se escuchara en el solitario pasillo.
- ¡Cállate, que nos escucha! – dijo Andrómeda mientras le pegaba a la otra, quien empezó a chillar.
Y el pobre Christian que no tenía culpa de ser tan lindo, miraba enrarecido la graciosa escena que protagonizaban las dos locas. Decidió escabullirse para que dejaran de seguirlo de una buena vez. Y esos malditos niñatos del demonio que pasaron tirándose globos de agua, ni miraron si había alguien o no, el globo que le llegó a él, perfectamente podría haberle llegado a cualquiera. Esos inconcientes, cuando los viera les pegaría donde más les duela para que se dejen de joder.
Es que Christian es un chico de poca paciencia y sin sentido del humor.
Entonces él decidió ir a secarse a plena luz del sol. Así que la mejor decisión era ir mientras dejaba a las dos tontas peleando tranquilas y en plena intimidad… La intimidad que te puede entregar un pasillo, claro.
Andrómeda se dio cuenta de que Christian se quería escabullir de ellas y tomó a Gina del pelo y se la llevó arrastrando, mientras ésta gritaba y trataba de soltarse. Pero así era la única forma de proseguir con la investigación.
Iban caminando en las puntitas de los pies, para no meter ruido, Georgina le había pegado en la mano a su amiga para que soltara su cabello rizado. Pero cuando menos se lo esperaron, vieron una escena bastante extraña.
Samantha, la amiga depresiva, enamoradiza, cariñosa, a veces un poco regodeona con los modales, y la única rubia del grupo. Junto con Matt, un chico medio loquillo que se dejaba querer.
- ¿Qué no habían terminado? – Preguntó Gina, desconcertada, ¡Estaba segura que hace un día la chica se había estado atragantando con helado de chocolate, ahogándose con las lágrimas por la pena que tenía! ¡Y hoy nuevamente se estaba besando con él!
Andrómeda siguió caminando, mirando furtivamente hacia todos lados – Es que es una chica con un carácter cambiante… Un día lo ama, otro lo odia, y otro… No hace nada. Pero lo malo es que para nosotras es como las cebollas, nos hace llorar – Se notaba que a la chica le importaba muy poco esa pareja, es que era verdad, un día estaban de novios, otro no, y otro solo andan. Es inaudito – Deberías acostumbrarte, ellos terminarán, pero no dudes de que ellos volverá, quizá a la hora siguiente.
Amabas retomaron su camino, habían perdido un valioso tiempo deteniéndose a mirar a los, nuevamente, “tortolitos”.
- Bueno – pensó Gina – No puede ser Samantha, porque ella está profundamente enamorada de Matt, así que queda completamente descartada de la investigación.
Las chicas se detuvieron a comer en el casino, que estaba repleto, la castaña, Gina, se extrañó porque era hora de clases para muchos. Almorzaron mientras miraban de reojo a Christian que estaba con ropa seca, unas cuantas mesas más allá.
- Mira – dijo Andrómeda mientras apuntaba sin disimulo hacia una parte escondida de por ahí – Ágata y Nicholas están almorzando juntos, ¡Es que aquí está pasado a amor! ¡El mundo huele a amor! – la pelinegra empezó a hacer corazones con los dedos de su mano, que eran un tanto deformes, corazones deformes.
- Sí, tienes toda la razón – continuó Gina, muy en el fondo, le hubiera gustado estar así, comiendo junto a Christian, conversando sobre las clases y sobre las citas que algún día podrían tener.
La castaña eliminó a una de sus amigas del escudriñamiento para ver quien era la traidora, sólo quedaban Ashley y Andrómeda, le daba mucha tristeza tener que averiguar eso, sobre sus dos mejores amigas. no podía ser cierto, debía ser una mala broma del destino… Es que ninguna de ellas sería capaz de hacer eso… ¡Qué cruel era la vida!
- Andro, ¿Tú crees que las amigas se puedan dan puñalazos por la espalda a causa de un chico? – preguntó Gina con lagrimitas asomándose por sus ojos fucsias.
- No vale la pena pelear y arruinar la amistad por un hombre, ¡Sería caer muy bajo! – respondió la pelinegra tomando, luego, un poco de jugo, pero la pregunta le cayó como patada en el estómago. ¿Qué estaría pasando por la mente de Georgina? ¿Qué alguna la estaba engañando?... Que feo sería si eso estuviera ocurriendo.
Andrómeda se quedó pensando en la extraña situación que estaban viviendo, persiguiendo a un chico casi completamente desconocido, por quien sabe que motivo. Se levantó del sitio donde estaba sentada y con explicaciones absurdas se fue, porque tendría que enterarse de eso, tarde o temprano. Amenazar a Christian sería lo mejor, ya que con palabras limpias él jamás entendería la gravedad de la situación.
Se dirigió a una banca donde siempre el chico se sentaba luego del almuerzo, si Gina no sabía eso debía ser realmente estúpida o ciega, pero bueno, se sentó con él y empezó con su gran discurso. Pero como ella pensó del principio, el chico era un tonto en temas de mujeres.
Como casi todos los chicos.
Georgina se quedó sola en medio de la multitud de chicos que entraban y salían del casino, no se había fijado que Christian ya había partido hacia mucho rato. Así que se levantó con desgano y fue, hacia nadie sabe donde. Y mientras vagaba, vio a Ashley conversando con el chico que le gustaba, Michael parece que se llamaba, el chico era todo un astro en el fútbol y era de esos populares que todo el grupo de porristas huecas querían estar con él, pero el tipo era un rarito.
Ashley quedó fuera de su lista, la tachó mentalmente.
La chica era demasiado buena amiga como para hacerle algo así, siempre un podía contar con ella para lo que fuese, era divertida y sabía mucho de moda y estilo. También era tutora de los chicos de primero, era extraordinaria.
Pero entonces, la única que quedaba era Andrómeda, que difícil decisión.
- ¿Dónde está Christian? – susurró. Comenzó a caminar velozmente.
Pero cuando iba trotando por el lugar, la escena que dio la dejó más que muda, y toda la sarta de estupideces que iba a decir quedaron en el olvido.
Por qué Andrómeda, su amiga del alma, y Christian, su eterno amor, estaban juntos.
Pero ella tenía que saber la verdad, no se iba a quedar con la duda. Tenía que saber cual era la verdad, si era una verdad buena o mala. Así que se escondió donde nadie la podía ver, en los arbustos.
- Gina está actuando extraño, es como si pensara que una de nosotras anda contigo, y eso es lamentable, porque realmente no conocería nuestros gustos y eso diría que no escucha nada cuando conversamos con ella – Georgina se sintió muy mal al escuchar esto, no sabía lo mal amiga que había sido dudando de una de sus amigas.
- No es mi problema, no estoy obligado a serle fiel ni mucho menos, ella no me gusta, lo siento – a la pobre chica espía casi de le parte el alma al escuchar lo que el bruto de Christian decía, pero debía ser fuerte, soportar el dolor para ver que era lo que tramaban.
- No te estoy pidiendo nada del otro mundo, dile lo que pasa o… o vas a tener que soportar las graves consecuencias de jugar con ella – la chica metió la mano a un bolso que andaba trayendo consigo.
- ¿O qué? ¿Me van a matar?
- Somos diez contra uno, ve tú lo que podemos hacer – ella iba sacando de a poco la mano del bolso, y traía algo cargando con ella.
- Ustedes con cuatro chicas todas anoréxicas y con falta de neuronas, no veo que me puedan hacer algo – dijo levantándose, y encarando a la chica, enojado.
- Es que yo cuento por siete – Andrómeda sacó un arma y apuntó directamente a la cabeza de éste. Gina casi se desmaya.
- Lo único que pido es que la trates bien – Christian nunca antes había temido por su vida, sabía algo del pasado oscuro de la chica, tanta junta con molestosos había afectado la personalidad de ésta y ahora, le apuntaba directo al cráneo. Y como consecuencia estaba tiritando como un fideo, un fideo cocido, y tiritaba mucho… Mucho.
- Está bien, tú ganas – Christian levantó las manos y cerró los ojos mientras contaba hasta mil, para calmarse.
El pobre chico quedó traumado por haber tenido una pistola a centímetros de su cabeza, él empezó a caminar rapidito, casi corriendo. Georgina salió de los arbustos y se puso al lado de la chica, quien seguía parada, con una sonrisa de satisfacción.
- ¿Es una rama de verdad? – preguntó Gina para poder salir de la gran curiosidad que la carcomía por dentro.
- Obvio que no, tonta ¿Acaso me vez con la edad y el permiso para poder tener y ocupar una?, además todos cuándo tienen miedo piensan que es verdad… Bola de imbéciles – dijo Andrómeda riendo y besando la pistola de mentira – si la vez de cerca es papel y pegamento, nada que un niño de primer año básico no pueda hacer… Pero cuando sea grande, compraré una, si es que no tengo una de contrabando.
- Gracias – dijo Gina mirando hacia el suelo, tratando de ocultar la vergüenza que sentía por haber dudado de sus amigas.
Al principio, Andrómeda no entendió, luego solo sonrió para sí misma y respondió con una afirmación.
- ¿Siempre supiste que yo estaba escuchando la conversación? – preguntó Gina mientras se sentaba en la banca que hace poco, Christian estaba ocupando.
- Todo el rato – Andrómeda la siguió y se sentó al lado de ella.
- ¿Cómo que nadie está en clases? –
- Los profesores están haciendo un consejo extraordinario, no hemos tenido desde la segunda hora clases, ¿No te lo había mencionado?...
Las dos chicas se quedaron conversando, luego apareció Samantha que venía del almuerzo, para comunicarles la noticia de que había vuelo con Matt, y a los minutos llegaron Ashley y Ágata contando sobre la obra de teatro que presentarían los cuartos años en el auditorio.
¿Qué cosas, no?, Gina se prometió a sí misma nunca más creer los tontos rumores de pasillos, casi le cuesta la amistad con las chicas que tanto les había costado formar.
Bueno… ¿Cuál será la próxima aventura?
Magia del corazón.
Georgina era una chica feliz.
Se sentía bien con ella misma, le gustaba su carácter, su forma de ser, nunca solía enojarse, porque decía que eso la envejecía mucho más rápido. También le gustaba jugar al Monopolio y comer fideos, fideos con salsa; pero lo que más le gustaba de todo, era su buen humor y la manera en la que se enfrentaba a los problemas.
Y hasta el momento no había tenido riñas con nadie.
Hasta ese momento.
Sí, porque tanto tener la sonrisa pegada al rostro, pensaba que era tonta y que no escuchaba las conversaciones a diez centímetros de distancia.
Como siempre, había desayunado, las más ricas tostadas con mermelada y leche chocolatada, su abrir del día favorito. Pero entre todo lo bueno tenía que haber algo malo. Porque mientras esperaba a sus demorosas amigas, escuchó un cuchicheo que la dejó helada y su cerebro se paralizó de cualquier pensamiento o acción, por algunos minutos.
Unas chicas que estaban sentadas en la mesa siguiente la estaban tachando de estúpida y de no darse cuenta de nada de lo que pasaba a su alrededor y lo que más le dolió fue lo que estaban diciendo de sus amigas… ¿Qué una de ellas la estaba engañando?, eso no podía ser, debía ser un error al escuchar conversaciones ajenas… Sus amigas no la defraudarían así, no de aquella manera.
Porque al parecer, su “amiga”, quería conquistar a la persona que ella pretendía que fuera su futuro esposo, novio, amante, lo que fuera que se pudiera decir de una forma empalagosa y romántica, lo sería cueste lo que cueste.
No esperó a sus amigas, después de haber escuchado tal rumor ni sus tostadas sabían bien, todo había perdido el sentido, lo que ella pensaba de la verdad y la fidelidad que fue por el inodoro. Se levantó con mirada en alto, dispuesta a saber la veracidad del chisme y sacarse el mal gusto que sentía.
Decidió presentarse en la enfermería del internado, ahí atendía una mujer más o menos de treinta años, era gordita y simpática, además de que siempre percibía lo que uno sentía o necesitaba, era como… Como una madre en la que todos los niños y niñas podían confiar, te entregaba amor por sobre todas las cosas…
No entendía con la facilidad que podía cambiar temas. Empezó con lo del rumor y terminó hablando del cariño maternal que tenía la enfermera del internado.
Le diagnosticaron un dolor de cabeza, no obstante distinguió un cierto brillo de astucia en la señora, parecía que sabía todo lo que pasaba por su mente sencilla.
Día de reposo: quedarse en la pieza, nada de televisión ni computador, comer bien y no hacer movimientos bruscos.
Así que iba a faltar a clases por una tontería.
Bueno, para ella no era una tontería.
¡Quería saber algo!
Algo importantísimo para ella y su futuro.
Bueno, estaba exagerando, pero es que le daba tanta pena y rabia saber que alguna de ellas, sus hermanas, a las que conocía desde hace tanto tiempo, las que sabían todo lo que pensaba y sentía, y a las que obviamente les contaba todos sus secretos, hasta los más íntimos… Podían tratar… de… de… ¡Quitarle a su Christian! ¡El amor de su vida!
Christian era un chico mayor que ella, lo conoció mientras estaba en clases y éste entró a hacer una encuesta justo a su sala, ¿Ven qué el destino los quiere unir?
Él es extremadamente guapo y de inteligencia superior, no tanto como los extraterrestres, porque ellos eran superdotados y apostaba que sabían hasta lo que pensaban todos los humanos, eran tan geniales, le gustaría tener un mejor amigo marciano y que le contara todas las rarezas que hay en su mundo.
Nuevamente cambiando de tema, tendría que dejar ese mal hábito.
Volviendo a Christian, podía decir que era introvertido, tenía un aura de misterio que la envolvía, queriendo saber cada cosa que pensaba. Todo de él era tan atrayente.
Y sus ojos, sus ojos eran lo más hermoso que tenía. Eran gatunos y cambiaban de color con la luz del sol, era algo de otro mundo… ¡Imagínate! ¡Ojos de otro mundo, como los de los marcianos!
Aunque habían muchos más chicos guapos en el colegio, pero a ella le gustaba ése, y punto.
La primera vez que vio a su gatito, como le había puesto, su mundo cambió, hasta se olvidó de E.T. su extraterrestre favorito, y sintió por un momento que se fundía, sus huesos y todo su organismo, fue una sensación de lo más extraña, entre derretimiento y felicidad. Pero no todo era alegría, ya que el chico ni siquiera la miraba, para él ella no existía y eso era tan frustrante.
Pero no se pondría toda depresiva, cuando lo que tenía que hacer era descubrir: ¿Quién de sus amigas era la traidora?
Como odiaba a todos los mentirosos del mundo.
Cuando salió de la enfermería, luego de unas preguntas y revisiones de la enfermera madre, fue corriendo a su pieza a cambiarse de ropa, no podía esconderse entre los arbustos con su uniforme azul.
Se cambió rápidamente y esperó que sonara el timbre para salir a receso.
Marchó a buscar a Christian y lo vio conversando con su eterno amigo, Nicholas, el novio de Ágata.
Nicholas Collin era un chico amable, caballeroso, atractivo y toda esa tontería y cursilería que quiere una chica. Es que no era de su gusto. Pero no podía dejar de admitir que era encantador, si su personalidad lo transmitía y de lejos se notaba.
Además Nicholas era el novio de Ágata, se amaban profundamente desde el primer día en que se vieron y se hicieron novios luego de meses y meses de amistad. Se notaba que había algo más que solo una relación de camaradería en esos dos, todos se dieron cuenta, se notaba a miles y miles de kilómetros.
Hasta el momento nada raro.
Christian se despidió de Nicholas y se fue con rumbo desconocido. Quizá iba al baño… O a encontrase con la chica roba-futuros-novios, esa detestable que se hace llamar su amiga.
Lo siguió escondiéndose donde podía, en los basureros, detrás de las puertas y atrás de algunos chicos y chicas que estaban justo delante suyo, claro que se ganaba unas miradas de personas extrañadas por su raro comportamiento, pero eso era menos comparada con su horrible, no, terrible problema.
Y de tanto pedir disculpas a los chicos y buscar nuevos escondites para cada vez estar más cerca de él, se dio cuenta de que Christian iba al baño, ¡Qué pérdida de tiempo!
Así que se puso a esperar sentada a fuera del baño de hombres, sintió que alguien se acercaba y esa persona le empezó a hablar.
- Niña, todos te están mirando raro – dijo una chica pelinegra que usaba dos grandes moños, mientras se agachaba para verla a los ojos. Esta niña la observó por unos cuantos minutos, rió y dijo débilmente – Tú tienes mal de amores, y si quieres espiarlo o hablarle, podrías tratar de que él no te tuviera miedo, ¡Estaba arrancando de ti!
Gina se paró y encaró a la otra - ¿Qué?, pero si fui lo más disimulada que hay – miró hacia todos lados y se fijó que todos la observaban extrañados y la apuntaban, Gina no pudo contener sus emociones y enrojeció hasta las orejas, soltó un gritito agudo y se tapó la cara.
- Si quieres yo te ayudo, en espiar y hacer pasar malos momentos a algunas personas, sí soy buena – habló la otra – es mucho mejor que matemáticas.
- Tienes razón Andrómeda, no me rendiré por nada – gritó Georgina alzando los brazos en pose triunfante.
- Pero yo no dije eso – reaccionó la pelinegra, mirando boquiabierta y media interrogativa a la otra, al parecer Gina estaba escuchando lo que quería escuchar.
- ¡Vamos, hay que esperar a que salga!
- Christian salió hace más de media hora… Que raro, no ha sonado el timbre…
Ambas dieron unas cuantas vueltas por el internado buscando al desaparecido, cuando sintieron una risa escandalosa que venía desde el final del pasillo que ellas estaban recorriendo.
Se escondieron detrás de un basurero y los chicos pasaron corriendo por el lado de ellas, sin siquiera notarlas. Los tres niños pasaban a gran velocidad por el pasillo, tirándose globos de agua y mojando a todos los que se atravesaban en su camino.
- ¡James, no me dijiste que lo de los globos era hoy! ¡Tonto! – gritó Andrómeda enojadísima con él, ella había planeado eso y se lo había contado sólo al chico nombrado, pero al parecer la dejó fuera. ¡Que idiotas, que rabia le daba!
Bueno, pero esos idiotas se caracterizaban por tres grandes razones:
1. Faltan a clases muy seguido.
2. Se sacan buenas notas… Que condenados.
3. Hacer bromas como nadie.
Andrómeda también pertenecía al grupo, pero ella le gustaba también juntarse con sus nuevas amigas y hablar cosas de chicas.
Y eran sin más ni menos, que conocidos en todos los alrededores. En serio, si preguntas por cualquiera de esos tipos, todos te responden algo. La gran mayoría ama a ese trío divertido, pero los que quedan, mejor no hablemos de los que quedan.
Sus nombres eran Matt, Mark y el otro, ya antes nombrado, James.
James era un chico conflictivo, travieso, idiota, mujeriego… Amable, simpático, extremadamente lindo… Y Georgina miró extrañada a la otra chica.
- ¡No me interrumpas a la mitad de mi relato! ¡Justo estaba en mujeriego! - Gina puntó con el dedo acusador a Andrómeda.
- Bueno, pero yo no estaba pensando eso… - la pelinegra estaba ofendida, puso los ojos llorosos mientras apuntó a Gina- Tú eres mala… ¡Mala!
Andrómeda salió corriendo mientras sobreactuaba que estaba llorando. Pero cuando iba cruzando el pasillo paró en seco. La otra chica se acercó a ver que pasaba y la pelinegra empezó a reír ruidosamente.
Christian estaba todo mojado, esa fue la visión de Andro.
Pero la visión de Gina fue completamente diferente, ver al chico que te gusta con toda la ropa pegada al cuerpo, mostrando toda su figura, además del cabello húmedo, ¡Uh, pero que visión!
Christian se sacudió el cabello.
Era la imagen más bella y sensual que la pobre e inocente Gina había visto en su pura y casta vida.
- A que es guapo – susurró Gina, lo bastante alto como para que se escuchara en el solitario pasillo.
- ¡Cállate, que nos escucha! – dijo Andrómeda mientras le pegaba a la otra, quien empezó a chillar.
Y el pobre Christian que no tenía culpa de ser tan lindo, miraba enrarecido la graciosa escena que protagonizaban las dos locas. Decidió escabullirse para que dejaran de seguirlo de una buena vez. Y esos malditos niñatos del demonio que pasaron tirándose globos de agua, ni miraron si había alguien o no, el globo que le llegó a él, perfectamente podría haberle llegado a cualquiera. Esos inconcientes, cuando los viera les pegaría donde más les duela para que se dejen de joder.
Es que Christian es un chico de poca paciencia y sin sentido del humor.
Entonces él decidió ir a secarse a plena luz del sol. Así que la mejor decisión era ir mientras dejaba a las dos tontas peleando tranquilas y en plena intimidad… La intimidad que te puede entregar un pasillo, claro.
Andrómeda se dio cuenta de que Christian se quería escabullir de ellas y tomó a Gina del pelo y se la llevó arrastrando, mientras ésta gritaba y trataba de soltarse. Pero así era la única forma de proseguir con la investigación.
Iban caminando en las puntitas de los pies, para no meter ruido, Georgina le había pegado en la mano a su amiga para que soltara su cabello rizado. Pero cuando menos se lo esperaron, vieron una escena bastante extraña.
Samantha, la amiga depresiva, enamoradiza, cariñosa, a veces un poco regodeona con los modales, y la única rubia del grupo. Junto con Matt, un chico medio loquillo que se dejaba querer.
- ¿Qué no habían terminado? – Preguntó Gina, desconcertada, ¡Estaba segura que hace un día la chica se había estado atragantando con helado de chocolate, ahogándose con las lágrimas por la pena que tenía! ¡Y hoy nuevamente se estaba besando con él!
Andrómeda siguió caminando, mirando furtivamente hacia todos lados – Es que es una chica con un carácter cambiante… Un día lo ama, otro lo odia, y otro… No hace nada. Pero lo malo es que para nosotras es como las cebollas, nos hace llorar – Se notaba que a la chica le importaba muy poco esa pareja, es que era verdad, un día estaban de novios, otro no, y otro solo andan. Es inaudito – Deberías acostumbrarte, ellos terminarán, pero no dudes de que ellos volverá, quizá a la hora siguiente.
Amabas retomaron su camino, habían perdido un valioso tiempo deteniéndose a mirar a los, nuevamente, “tortolitos”.
- Bueno – pensó Gina – No puede ser Samantha, porque ella está profundamente enamorada de Matt, así que queda completamente descartada de la investigación.
Las chicas se detuvieron a comer en el casino, que estaba repleto, la castaña, Gina, se extrañó porque era hora de clases para muchos. Almorzaron mientras miraban de reojo a Christian que estaba con ropa seca, unas cuantas mesas más allá.
- Mira – dijo Andrómeda mientras apuntaba sin disimulo hacia una parte escondida de por ahí – Ágata y Nicholas están almorzando juntos, ¡Es que aquí está pasado a amor! ¡El mundo huele a amor! – la pelinegra empezó a hacer corazones con los dedos de su mano, que eran un tanto deformes, corazones deformes.
- Sí, tienes toda la razón – continuó Gina, muy en el fondo, le hubiera gustado estar así, comiendo junto a Christian, conversando sobre las clases y sobre las citas que algún día podrían tener.
La castaña eliminó a una de sus amigas del escudriñamiento para ver quien era la traidora, sólo quedaban Ashley y Andrómeda, le daba mucha tristeza tener que averiguar eso, sobre sus dos mejores amigas. no podía ser cierto, debía ser una mala broma del destino… Es que ninguna de ellas sería capaz de hacer eso… ¡Qué cruel era la vida!
- Andro, ¿Tú crees que las amigas se puedan dan puñalazos por la espalda a causa de un chico? – preguntó Gina con lagrimitas asomándose por sus ojos fucsias.
- No vale la pena pelear y arruinar la amistad por un hombre, ¡Sería caer muy bajo! – respondió la pelinegra tomando, luego, un poco de jugo, pero la pregunta le cayó como patada en el estómago. ¿Qué estaría pasando por la mente de Georgina? ¿Qué alguna la estaba engañando?... Que feo sería si eso estuviera ocurriendo.
Andrómeda se quedó pensando en la extraña situación que estaban viviendo, persiguiendo a un chico casi completamente desconocido, por quien sabe que motivo. Se levantó del sitio donde estaba sentada y con explicaciones absurdas se fue, porque tendría que enterarse de eso, tarde o temprano. Amenazar a Christian sería lo mejor, ya que con palabras limpias él jamás entendería la gravedad de la situación.
Se dirigió a una banca donde siempre el chico se sentaba luego del almuerzo, si Gina no sabía eso debía ser realmente estúpida o ciega, pero bueno, se sentó con él y empezó con su gran discurso. Pero como ella pensó del principio, el chico era un tonto en temas de mujeres.
Como casi todos los chicos.
Georgina se quedó sola en medio de la multitud de chicos que entraban y salían del casino, no se había fijado que Christian ya había partido hacia mucho rato. Así que se levantó con desgano y fue, hacia nadie sabe donde. Y mientras vagaba, vio a Ashley conversando con el chico que le gustaba, Michael parece que se llamaba, el chico era todo un astro en el fútbol y era de esos populares que todo el grupo de porristas huecas querían estar con él, pero el tipo era un rarito.
Ashley quedó fuera de su lista, la tachó mentalmente.
La chica era demasiado buena amiga como para hacerle algo así, siempre un podía contar con ella para lo que fuese, era divertida y sabía mucho de moda y estilo. También era tutora de los chicos de primero, era extraordinaria.
Pero entonces, la única que quedaba era Andrómeda, que difícil decisión.
- ¿Dónde está Christian? – susurró. Comenzó a caminar velozmente.
Pero cuando iba trotando por el lugar, la escena que dio la dejó más que muda, y toda la sarta de estupideces que iba a decir quedaron en el olvido.
Por qué Andrómeda, su amiga del alma, y Christian, su eterno amor, estaban juntos.
Pero ella tenía que saber la verdad, no se iba a quedar con la duda. Tenía que saber cual era la verdad, si era una verdad buena o mala. Así que se escondió donde nadie la podía ver, en los arbustos.
- Gina está actuando extraño, es como si pensara que una de nosotras anda contigo, y eso es lamentable, porque realmente no conocería nuestros gustos y eso diría que no escucha nada cuando conversamos con ella – Georgina se sintió muy mal al escuchar esto, no sabía lo mal amiga que había sido dudando de una de sus amigas.
- No es mi problema, no estoy obligado a serle fiel ni mucho menos, ella no me gusta, lo siento – a la pobre chica espía casi de le parte el alma al escuchar lo que el bruto de Christian decía, pero debía ser fuerte, soportar el dolor para ver que era lo que tramaban.
- No te estoy pidiendo nada del otro mundo, dile lo que pasa o… o vas a tener que soportar las graves consecuencias de jugar con ella – la chica metió la mano a un bolso que andaba trayendo consigo.
- ¿O qué? ¿Me van a matar?
- Somos diez contra uno, ve tú lo que podemos hacer – ella iba sacando de a poco la mano del bolso, y traía algo cargando con ella.
- Ustedes con cuatro chicas todas anoréxicas y con falta de neuronas, no veo que me puedan hacer algo – dijo levantándose, y encarando a la chica, enojado.
- Es que yo cuento por siete – Andrómeda sacó un arma y apuntó directamente a la cabeza de éste. Gina casi se desmaya.
- Lo único que pido es que la trates bien – Christian nunca antes había temido por su vida, sabía algo del pasado oscuro de la chica, tanta junta con molestosos había afectado la personalidad de ésta y ahora, le apuntaba directo al cráneo. Y como consecuencia estaba tiritando como un fideo, un fideo cocido, y tiritaba mucho… Mucho.
- Está bien, tú ganas – Christian levantó las manos y cerró los ojos mientras contaba hasta mil, para calmarse.
El pobre chico quedó traumado por haber tenido una pistola a centímetros de su cabeza, él empezó a caminar rapidito, casi corriendo. Georgina salió de los arbustos y se puso al lado de la chica, quien seguía parada, con una sonrisa de satisfacción.
- ¿Es una rama de verdad? – preguntó Gina para poder salir de la gran curiosidad que la carcomía por dentro.
- Obvio que no, tonta ¿Acaso me vez con la edad y el permiso para poder tener y ocupar una?, además todos cuándo tienen miedo piensan que es verdad… Bola de imbéciles – dijo Andrómeda riendo y besando la pistola de mentira – si la vez de cerca es papel y pegamento, nada que un niño de primer año básico no pueda hacer… Pero cuando sea grande, compraré una, si es que no tengo una de contrabando.
- Gracias – dijo Gina mirando hacia el suelo, tratando de ocultar la vergüenza que sentía por haber dudado de sus amigas.
Al principio, Andrómeda no entendió, luego solo sonrió para sí misma y respondió con una afirmación.
- ¿Siempre supiste que yo estaba escuchando la conversación? – preguntó Gina mientras se sentaba en la banca que hace poco, Christian estaba ocupando.
- Todo el rato – Andrómeda la siguió y se sentó al lado de ella.
- ¿Cómo que nadie está en clases? –
- Los profesores están haciendo un consejo extraordinario, no hemos tenido desde la segunda hora clases, ¿No te lo había mencionado?...
Las dos chicas se quedaron conversando, luego apareció Samantha que venía del almuerzo, para comunicarles la noticia de que había vuelo con Matt, y a los minutos llegaron Ashley y Ágata contando sobre la obra de teatro que presentarían los cuartos años en el auditorio.
¿Qué cosas, no?, Gina se prometió a sí misma nunca más creer los tontos rumores de pasillos, casi le cuesta la amistad con las chicas que tanto les había costado formar.
Bueno… ¿Cuál será la próxima aventura?
La foto!
La foto.
Magia del corazón.
Andrómeda Thompson había esperado un mes para el regalo que sus padres le habían enviado.
Una cámara fotográfica.
Una cámara de color plomo, pequeñita y con muchos megapíxeles que hizo que todos fueran muy felices. Sí, todos, porque la condición que le habían puesto sus padres era que tomara muchas fotos, a todos sus amigos y que se las mandara.
La primera foto que sacaron fue el pie con hongos de Mark. Era lo más cercano a algo extrañamente ridículo que habían encontrado en aquel momento. Claro que después de verla en el computador portátil de Ágata fue tan asqueroso que la borraron enseguida. Pero si salió eso, podrían salir muchas, muchas cosas más terribles.
Habían decidido reunirse en el pequeño parque que había en el internado, para tomarse fotos grupales.
Tenían que estar todos.
El primer día fueron todos, bueno, no todos, Christian tenía que enseñarle a Georgina sobre Biología y Nicholas tenía que ir a ver a su madre que estaba enferma y no iba a poder asistir en toda la semana. Decidieron que se congregarían el próximo viernes.
Pero la chica tenía que enviar fotos a sus padres ese mismo día y no tenía ninguna, así que les tomó unas cuantas fotos a Mark, Matt y James, y las envió.
Sus padres dijeron que no se juntara más con esos niñitos del demonio, que eran unos sinvergüenzas y que por culpa de ellos no pudo asistir a la licenciatura de octavo básico. Pero aquello era imposible, ya que eran sus amigos del alma y no dejaría de verlos nunca, punto. Se juntaron el viernes que habían quedado. Llegaron sólo Samantha, Ágata, Nicholas y Ashley. A los demás se los tragó la tierra. Les sacó unas cuantas fotos al grupito y las mandó, sus padres no respondieron enseguida, se demoraron más o menos tres semanas y lo único que se les ocurrió decir era que hacer amistades con chicas, la iba a poner más femenina. Y que Nicholas tenía una cara… Especial.
Se murió de la risa, al leer el mensaje de sus padres.
Pero necesitaba tomarles una foto, fuera como fuera.
Persiguió a Christian, y cuando estaba leyendo un libro de algo totalmente aburrido, le tomó una foto… Un tanto rara, ya que salía con el dedo en la nariz y los ojos en blanco, ¿Cómo era que leía ese niño?, seguramente Gina se iba a desmallar cuando viera esa genial imagen tomada por la siempre lista, cámara Grik.
Grik era el nombre de la cámara, un nombre que nadie más que ella podía saber.
Luego le tomó una foto Michael, el chico futbolista. Una foto muy buena, donde él sale metiendo un gol… En su propio arco. Un autogol para recordar. Imprimiría la imagen y la enmarcaría como el momento más gracioso del pobre chico.
La cara de Michael era entre sorpresa y angustia, tenía sus dos manos tomándose la cabeza y estaba arrodillado en el suelo. Y de fondo la pelota dentro del arco y los de su mismo equipo con una cara… ¡Uf, que buena cara!, ojala el chico nunca encuentre esa imagen.
Buscó a Scott y lo encontró haciendo sus tareas en la biblioteca del colegio. En lo más alejado de la biblioteca, mejor dicho. Él estaba sentado en un puff, escribiendo algo en un cuaderno que salía un tipo haciendo Surf. Luego se dio cuenta de la presencia de la pequeña Andrómeda y le sonrió a Grik.
Una hermosa foto… La mejor de todas.
Al día siguiente, en clases, le tomó una foto a su profesor jefe, el hermano mayor de Christian, el “amigo” de Georgina y amenazado por convivencia de Andrómeda.
El profesor salía riendo y en todo su esplendor. Sus ojos azules brillando más que nunca y su cabello negro alumbrado por la luz del sol lo hacía ver mágico… Andrómeda suspiró al ver la foto.
Luego le tomó unas cuantas fotos al trío de idiotas. Salían corriendo y con el cabello mojado… Toda la ropa mojada, ¿Aún seguían con eso de los globos de agua?
Luego llamó a las chicas y le dijo a Scott si les podía tomar algunas fotos para el recuerdo. Scott sonrió amablemente y aceptó.
Sacaron más de cincuenta imágenes, todas diferentes.
En algunas salían haciendo caras graciosas, en otras salían como modelitos, pero todas las fotos eran muy buenas y tenían el título de que son de las mejores imágenes que jamás se habían tomado en la historia de la humanidad.
Bueno, siguiendo con las fotos, las revisó una por una y descubrió algo interesantísimo.
En una de las tantas imágenes, cuando las abrió en su portátil, vio que había unas luces blancas en el cielo que estaba completamente celeste, sin nubes, totalmente despejado, y en ese sector del colegio no habían luces ni nada. Era muy raro.
- Quizá estemos frente a la prueba de que existen los extraterrestres – dijo Georgina mientras se colocaba unos lentes que ocupaba para leer y hacer tareas. Puso la fotografía en la luz y miró fijamente por un rato, luego que pasaran unos minutos sus ojos se fueron juntando en el centro. Estaba bizca.
- ¡Gina!, Por Dios, no pongas los ojos así – dijo Samantha mientras se tapaba los ojos para no ver la graciosa cara que había puesto la chica - ¡Te puedes quedar así!
Todas las demás estaban riendo a carcajadas, incluso Gina, Sam, que no estaba tan acostumbrada a ese tipo de cosas, reaccionó así.
La imagen con las luces ya no sólo la conocían las chicas, sino que también los chicos, y casi todo el internado, hasta los profesores tenían alguna que otra opinión sobre la extraordinaria imagen. Era algo sobrenatural y que les había pasado a unas chicas del colegio que eran completamente normalitas. Bueno, no tanto, pero igual.
Tocaba lenguaje, con el profesor más bello del mundo entero.
¿Qué?, todas las chicas pensaban eso, hasta Grik pensaba eso, es que era de esas personas que siempre salen perfectos en las fotos sin necesidad de tomarse veinte mil fotos. No como Christian, todas las que le había tomado salían mal. Salía rascándose partes privadas, hurgándose la nariz, caras graciosas… Era extraño, no tenía espíritu de fotografía. Quizá debería advertirle a Gina, por si sale mal en la foto del matrimonio.
Bueno, el profesor ya estaba enterado de la fotografía con toques paranormales, pero, como siempre, entró riendo a la sala con cara de yo-no-sé-nada, que nadie le creía ni un poco. Hizo lo que hace cualquier profesor al entrar a su clase, como pasar la lista y firmar en una hoja que pocos alumnos saben de que se trata y llamó a Andrómeda.
Al pasar del tiempo, todos tenían su propia opinión de la imagen, como que era un espíritu, un marciano, algo sobrenatural, un fantasma o un millón de cosas más.
Ella, que ya se creía el cuento de su fotografía sorprendente, fue donde el profesor que la miraba tranquilamente.
- Señorita, me gustaría que pudiéramos hablar de esa fotografía que ha causado tanto revuelo en el internado – como si hubiera mucho de que hablar aquí, pensó Andrómeda – quería decirle que ya sé que es, pero tengo miedo de la reacción de usted y la de sus compañeros.
- ¿Qué pasa profesor? – dijo ella, completamente curiosa por lo que podía decirle su maestro - ¿Tiene algo de malo que esté por todos lados?
- No, nada de eso, lo que pasa, es que ya sé porque salió esta inexplicable marca de color blanco – Andrómeda no entendía lo que quería decir el profesor, mejor dicho, no quería aceptar que ya habían encontrado una respuesta a esa pregunta que todo el mundo se hacía – Es un reflejo.
Un reflejo.
Un reflejo.
Un… ¡Maldito reflejo impertinente!
Como le gustaría que los reflejos respiraran y vivieran para poder matarlos a cada uno de la peor forma posible. Era totalmente inhumano que, después de todo esto, se dijera que no era nada más ni nada menos que…
Un reflejo.
- ¿Un reflejo? – Andrómeda estaba que se atragantaba con su propia saliva, estaba pálida y no procesaba la información rápidamente - ¿Un… reflejo?
- Sí, me puse a investigar la fotografía, me parecía extraño que aparecieran ése tipo de cosas y, luego de una exhaustiva investigación, llegué a la conclusión de que era un reflejo.
- Profesor, usted se da cuenta de lo malo e insensible que puede llegar a ser – El maestro se arregló los lentes, y encogió los hombros.
Ahora, que miraba solitariamente, en el baño de niñas, la imagen, no tenía nada de raro, y se podía ver el reflejo de la ventana con la lente de la cámara.
La vida era injusta cuando se lo proponía, siempre moviendo las piezas que arruinan la diversión, apostaba que ahora todos iban a saber lo del engaño. En realidad no era engaño, porque ella tampoco tenía idea de que era algo falso, ni mucho menos, pero es que…
Bueno, debía aceptarlo.
Y luego de mandar a exorcizar la fotografía le habían dicho eso.
Tendría que decirla al pobre sacerdote que se fuera, porque ahí no había ni un trabajo que hacer.
Ni marcianos, ni la NASA, ni nada.
Todo este revuelo por una simple fotografía.
La foto.
Magia del corazón.
Andrómeda Thompson había esperado un mes para el regalo que sus padres le habían enviado.
Una cámara fotográfica.
Una cámara de color plomo, pequeñita y con muchos megapíxeles que hizo que todos fueran muy felices. Sí, todos, porque la condición que le habían puesto sus padres era que tomara muchas fotos, a todos sus amigos y que se las mandara.
La primera foto que sacaron fue el pie con hongos de Mark. Era lo más cercano a algo extrañamente ridículo que habían encontrado en aquel momento. Claro que después de verla en el computador portátil de Ágata fue tan asqueroso que la borraron enseguida. Pero si salió eso, podrían salir muchas, muchas cosas más terribles.
Habían decidido reunirse en el pequeño parque que había en el internado, para tomarse fotos grupales.
Tenían que estar todos.
El primer día fueron todos, bueno, no todos, Christian tenía que enseñarle a Georgina sobre Biología y Nicholas tenía que ir a ver a su madre que estaba enferma y no iba a poder asistir en toda la semana. Decidieron que se congregarían el próximo viernes.
Pero la chica tenía que enviar fotos a sus padres ese mismo día y no tenía ninguna, así que les tomó unas cuantas fotos a Mark, Matt y James, y las envió.
Sus padres dijeron que no se juntara más con esos niñitos del demonio, que eran unos sinvergüenzas y que por culpa de ellos no pudo asistir a la licenciatura de octavo básico. Pero aquello era imposible, ya que eran sus amigos del alma y no dejaría de verlos nunca, punto. Se juntaron el viernes que habían quedado. Llegaron sólo Samantha, Ágata, Nicholas y Ashley. A los demás se los tragó la tierra. Les sacó unas cuantas fotos al grupito y las mandó, sus padres no respondieron enseguida, se demoraron más o menos tres semanas y lo único que se les ocurrió decir era que hacer amistades con chicas, la iba a poner más femenina. Y que Nicholas tenía una cara… Especial.
Se murió de la risa, al leer el mensaje de sus padres.
Pero necesitaba tomarles una foto, fuera como fuera.
Persiguió a Christian, y cuando estaba leyendo un libro de algo totalmente aburrido, le tomó una foto… Un tanto rara, ya que salía con el dedo en la nariz y los ojos en blanco, ¿Cómo era que leía ese niño?, seguramente Gina se iba a desmallar cuando viera esa genial imagen tomada por la siempre lista, cámara Grik.
Grik era el nombre de la cámara, un nombre que nadie más que ella podía saber.
Luego le tomó una foto Michael, el chico futbolista. Una foto muy buena, donde él sale metiendo un gol… En su propio arco. Un autogol para recordar. Imprimiría la imagen y la enmarcaría como el momento más gracioso del pobre chico.
La cara de Michael era entre sorpresa y angustia, tenía sus dos manos tomándose la cabeza y estaba arrodillado en el suelo. Y de fondo la pelota dentro del arco y los de su mismo equipo con una cara… ¡Uf, que buena cara!, ojala el chico nunca encuentre esa imagen.
Buscó a Scott y lo encontró haciendo sus tareas en la biblioteca del colegio. En lo más alejado de la biblioteca, mejor dicho. Él estaba sentado en un puff, escribiendo algo en un cuaderno que salía un tipo haciendo Surf. Luego se dio cuenta de la presencia de la pequeña Andrómeda y le sonrió a Grik.
Una hermosa foto… La mejor de todas.
Al día siguiente, en clases, le tomó una foto a su profesor jefe, el hermano mayor de Christian, el “amigo” de Georgina y amenazado por convivencia de Andrómeda.
El profesor salía riendo y en todo su esplendor. Sus ojos azules brillando más que nunca y su cabello negro alumbrado por la luz del sol lo hacía ver mágico… Andrómeda suspiró al ver la foto.
Luego le tomó unas cuantas fotos al trío de idiotas. Salían corriendo y con el cabello mojado… Toda la ropa mojada, ¿Aún seguían con eso de los globos de agua?
Luego llamó a las chicas y le dijo a Scott si les podía tomar algunas fotos para el recuerdo. Scott sonrió amablemente y aceptó.
Sacaron más de cincuenta imágenes, todas diferentes.
En algunas salían haciendo caras graciosas, en otras salían como modelitos, pero todas las fotos eran muy buenas y tenían el título de que son de las mejores imágenes que jamás se habían tomado en la historia de la humanidad.
Bueno, siguiendo con las fotos, las revisó una por una y descubrió algo interesantísimo.
En una de las tantas imágenes, cuando las abrió en su portátil, vio que había unas luces blancas en el cielo que estaba completamente celeste, sin nubes, totalmente despejado, y en ese sector del colegio no habían luces ni nada. Era muy raro.
- Quizá estemos frente a la prueba de que existen los extraterrestres – dijo Georgina mientras se colocaba unos lentes que ocupaba para leer y hacer tareas. Puso la fotografía en la luz y miró fijamente por un rato, luego que pasaran unos minutos sus ojos se fueron juntando en el centro. Estaba bizca.
- ¡Gina!, Por Dios, no pongas los ojos así – dijo Samantha mientras se tapaba los ojos para no ver la graciosa cara que había puesto la chica - ¡Te puedes quedar así!
Todas las demás estaban riendo a carcajadas, incluso Gina, Sam, que no estaba tan acostumbrada a ese tipo de cosas, reaccionó así.
La imagen con las luces ya no sólo la conocían las chicas, sino que también los chicos, y casi todo el internado, hasta los profesores tenían alguna que otra opinión sobre la extraordinaria imagen. Era algo sobrenatural y que les había pasado a unas chicas del colegio que eran completamente normalitas. Bueno, no tanto, pero igual.
Tocaba lenguaje, con el profesor más bello del mundo entero.
¿Qué?, todas las chicas pensaban eso, hasta Grik pensaba eso, es que era de esas personas que siempre salen perfectos en las fotos sin necesidad de tomarse veinte mil fotos. No como Christian, todas las que le había tomado salían mal. Salía rascándose partes privadas, hurgándose la nariz, caras graciosas… Era extraño, no tenía espíritu de fotografía. Quizá debería advertirle a Gina, por si sale mal en la foto del matrimonio.
Bueno, el profesor ya estaba enterado de la fotografía con toques paranormales, pero, como siempre, entró riendo a la sala con cara de yo-no-sé-nada, que nadie le creía ni un poco. Hizo lo que hace cualquier profesor al entrar a su clase, como pasar la lista y firmar en una hoja que pocos alumnos saben de que se trata y llamó a Andrómeda.
Al pasar del tiempo, todos tenían su propia opinión de la imagen, como que era un espíritu, un marciano, algo sobrenatural, un fantasma o un millón de cosas más.
Ella, que ya se creía el cuento de su fotografía sorprendente, fue donde el profesor que la miraba tranquilamente.
- Señorita, me gustaría que pudiéramos hablar de esa fotografía que ha causado tanto revuelo en el internado – como si hubiera mucho de que hablar aquí, pensó Andrómeda – quería decirle que ya sé que es, pero tengo miedo de la reacción de usted y la de sus compañeros.
- ¿Qué pasa profesor? – dijo ella, completamente curiosa por lo que podía decirle su maestro - ¿Tiene algo de malo que esté por todos lados?
- No, nada de eso, lo que pasa, es que ya sé porque salió esta inexplicable marca de color blanco – Andrómeda no entendía lo que quería decir el profesor, mejor dicho, no quería aceptar que ya habían encontrado una respuesta a esa pregunta que todo el mundo se hacía – Es un reflejo.
Un reflejo.
Un reflejo.
Un… ¡Maldito reflejo impertinente!
Como le gustaría que los reflejos respiraran y vivieran para poder matarlos a cada uno de la peor forma posible. Era totalmente inhumano que, después de todo esto, se dijera que no era nada más ni nada menos que…
Un reflejo.
- ¿Un reflejo? – Andrómeda estaba que se atragantaba con su propia saliva, estaba pálida y no procesaba la información rápidamente - ¿Un… reflejo?
- Sí, me puse a investigar la fotografía, me parecía extraño que aparecieran ése tipo de cosas y, luego de una exhaustiva investigación, llegué a la conclusión de que era un reflejo.
- Profesor, usted se da cuenta de lo malo e insensible que puede llegar a ser – El maestro se arregló los lentes, y encogió los hombros.
Ahora, que miraba solitariamente, en el baño de niñas, la imagen, no tenía nada de raro, y se podía ver el reflejo de la ventana con la lente de la cámara.
La vida era injusta cuando se lo proponía, siempre moviendo las piezas que arruinan la diversión, apostaba que ahora todos iban a saber lo del engaño. En realidad no era engaño, porque ella tampoco tenía idea de que era algo falso, ni mucho menos, pero es que…
Bueno, debía aceptarlo.
Y luego de mandar a exorcizar la fotografía le habían dicho eso.
Tendría que decirla al pobre sacerdote que se fuera, porque ahí no había ni un trabajo que hacer.
Ni marcianos, ni la NASA, ni nada.
Todo este revuelo por una simple fotografía.
La foto.
Broma 2008!
Hola Sam! reportandosee! (L) les dejaree todas las peqeñas historias qe tenemos ! bye!
El juramento.
Amigos para siempre.
La lluvia caía delicadamente por todos los lugares del edificio, las ventanas estaban empapadas y los pasillos llenos de lodo, las marcas de los zapatos estaban por todos lados diciendo sin querer adonde habían ido sus dueños.
Cuatro chicos estaban en la azotea del edificio, de aquella escuela, todos estaban bañados por el agua pero aún así no se iban a refugiar en la cálida y acogedora paredes de la institución. Los tres chicos y una chica miraban al cielo, como queriendo decir algo sin decir nada. Todos estaban en silencio.
La chica se puso un impermeable color vino, mientras se secaba la cara con un pañuelo que nadaba trayendo en su bolso. Los chicos solo la miraban.
El más pequeño de los chicos se puso una gabardina negra y sacó una llave. La chica se acercó a él y le dijo una cosa en el oído. Los otros dos se aproximaron a ellos mientras se ponían unas chaquetas azabaches.
Uno de los chicos, el más alto y con el cabello un poco más largo que los otros, susurró algo que solo los chicos escucharon, y empezaron con su despedida, así sería como dirían su adiós a todos los chicos de la escuela.
- Entonces, sincronicemos los relojes – dijo el que parecía ser el jefe de aquel grupo, todos miraron sus relojes y los prepararon para lo que iban a hacer, todos a las once en punto – Bueno, Matt y yo estaremos en las dos entradas del cuarto piso, la norte y la sur, sosteniendo las mangueras, ustedes, Andrómeda y Mark, estarán en el tercer piso y justo a la hora, a las once veinte, abrirán la llave al máximo. Los tres octavos empezarán a salir y… Será algo genial, alguien debería gravar…
- Podríamos decirle a Tucker – dijo la chica – él siempre es muy discreto y le gusta gravar nuestras bromas.
- Sí, quizá le diga al chico… No, mejor díselo tú, tú tienes mejor comunicación con él – respondió el chico alto.
- Bueno, entonces le iré a decir ahora mismo, ya son las once con diez minutos… Luego iré a ponerme en el puesto principal – dijo ella levantándose de donde estaban temporalmente sentados, el suelo.
- Esa será lejos la mejor despedida, luego nos juntamos aquí nuevamente – habló Matt, un chico de estatura normal y con facciones simpáticas.
Todos fueron a sus puestos como debían hacerlo.
La chica fue a hablar con el tal Tucker que iba en séptimo, el chico encantado fue con ella. Dejaron una absurda excusa para que la profesora lo dejara salir y se fueron.
Mark ya estaba en su puesto justo a las once con quince minutos. Andrómeda llegó justo a tiempo, a las once y un cuarto. Tucker los gravó en su puesto y luego subió y se puso detrás de Matt esperando lo que iba a pasar.
Pasaron los escuetos cinco minutos que quedaban y Mark con Andrómeda justo a tiempo abrieron las llaves, justo cuando empezó a tocar el timbre para salir. Corrieron al piso de arriba a ver el espectáculo que estarían dando.
Llegaron al cuarto piso cuando estaba saliendo la profesora de lenguaje de la sala y el chorro de agua fue tan grande que ella salió casi volando de ahí. Los cursos empezaron a salir y se encontraban con esta escena divertida, algunos se ponían para mojarse, otros solamente no salían de la sala, y los profesores estaban todos empapados en el suelo.
Todos estaban riendo, disfrutando todo lo que pasaba.
Tucker grababa con gran entusiasmo todo. Sería una buena película cuando lo editara, ya que había gravado a los chicos correr y ponerse en sus puestos. Quizá, después, lo editaría y lo vendería a las próximas generaciones.
Estaba todo muy bueno, cuando se cortó el agua.
Todos se callaron momentáneamente, los cuatro chicos bajaron a ver lo que había pasado. Y lo que vieron los dejó atónitos.
Las mangueras se habían desconectado y el agua estaba saliendo muy fuerte, demasiado fuerte y estaba inundando todo el tercer piso, y otro poco iba bajando las escaleras. Todos se enterarían enseguida de todo, el director, los inspectores, todo el personal y todo el alumnado subirían a ver lo que había pasado.
Los pillarían con las manos en la masa.
Además que, quizá, todo agarrarían una gripe infernal.
Los cuatro chicos subieron lo más rápido que pudieron a la azotea, para despejarse un poco. El cielo estaba volviendo a sonreír, el cielo poco a poco se mostraba de nuevo, celeste como todos lo habían conocido. El sol salió, brillando en todo su esplendor y el arco iris no se demoró en aparecer.
Miraron al cielo y se sacaron las chaquetas, la chica se amarró el pelo.
Se sentaron a descansar, y quizá, a dormir un poco. Todo lo que habían hecho les había dado un cansancio terrible, y además, que hicieron trizas el sistema de aguas. Quizá no era así, pero se los dirían así. Aunque un “arresto” más, uno menos, era la nada. Los iban a encontrar pronto, además tendrían todas las pruebas para castigarlos y darles los trabajos comunitarios dentro de la escuela.
- Chicos, el próximo año… Ya no estaremos juntos, y como que me da un poquito de pena saberlo – dijo la chica mientras los otros ponían atención.
- Quizá, podríamos irnos a un colegio que todos podamos entrar, estar juntos de nuevo… Ya que como estamos somos un grupo genial – dijo Matt, sentándose y hablándoles a los demás. Mark estaba que caía dormido y James, como se llamaba el otro, le pegó un toque en la cabeza para que terminara de despertarse.
- Si, sería buena idea – la chica se puso en una pose como si estuviera pensando algo muy complicado – El Internado Mestrovic, es un colegio donde aceptan a niños con talentos, los pulen y todo eso. Además de que estaríamos juntos – los chicos afirmaron, la idea era muy buena, además sería un internado, dormir ahí sería genial. Tener las noches para hacer travesuras, escaparse y hacer todas las tonterías que ahora no podían.
- Entonces ¿Nos encontraremos el próximo año ahí? – dijo la chica mientras se abría la puerta de la azotea, entrando los inspectores.
- Ahí nos veremos – dijeron todos, mientras caminaban hacia la oficina del director.
Los chicos fueron hacia el director, recibieron el castigo que merecían.
No iban a participar en la licenciatura, en las fiestas sí, pues eso no mandaba el colegio, pero la licenciatura oficial de la escuela, no podría participar.
Sus padres se decepcionarían mucho.
Pero ellos ya tenían el plan hecho por si pasaba eso.
No eran tontos, e incluso este plan lo habían hecho hace bastante tiempo.
Eran los más vivos de la escuela.
- Mis padres se van a morir – dijo Andrómeda mientras sollozaba – Me dejarán sin computador, sin postres, sin televisión, ¡Me matarán!
- Los míos igual… Nunca más me pagarán mesada – dijo Mark mientras se agarraba el cabello de una forma desesperada.
- Cállense ya, llorones, tenemos que sacar el plan B…
En la licenciatura, todo estaba muy bien decorado, habían globos alrededor del escenario, una cortina azul muy bonita con unas letras gigantes que decían “Despedida de la generación 2008” o algo así.
Los padres de todos estaban ahí, incluso de los que no se licenciaron por algunos motivos muy húmedos.
Estaban pasando todos adelante, cuando las luces se apagaron.
Tucker, el chico electrónico, había puesto todo patas arriba.
Empezó a sonar una música muy movida y entretenida, y los cuatro chicos, Andrómeda, Mark, Matt y James, subieron al escenario con una pancarta gigante que estaban afirmando, que decía…
“¡No nos pararán!”
Y todos loa alumnos subieron corriendo al escenario, sin importar los protocolos ni las cosas que habían ensayado, y los globos empezaron a caer, globos de todos colores con diferentes caras que ellos mismos habían hecho, para que no fueran globos aburridos y típicos.
Cuando los inspectores, lo que siempre arruinan todas las fiestas, iban a sacarlos del escenario, James gritó.
- ¡Viva la generación 2008! –
- ¡Viva! – gritaron todos al unísono.
Fue la mejor licenciatura de todos los tiempos. Y Tucker lo había gravado, ese chico era una caja de sorpresas, como lo amaban.
El juramento.
Amigos para siempre.
La lluvia caía delicadamente por todos los lugares del edificio, las ventanas estaban empapadas y los pasillos llenos de lodo, las marcas de los zapatos estaban por todos lados diciendo sin querer adonde habían ido sus dueños.
Cuatro chicos estaban en la azotea del edificio, de aquella escuela, todos estaban bañados por el agua pero aún así no se iban a refugiar en la cálida y acogedora paredes de la institución. Los tres chicos y una chica miraban al cielo, como queriendo decir algo sin decir nada. Todos estaban en silencio.
La chica se puso un impermeable color vino, mientras se secaba la cara con un pañuelo que nadaba trayendo en su bolso. Los chicos solo la miraban.
El más pequeño de los chicos se puso una gabardina negra y sacó una llave. La chica se acercó a él y le dijo una cosa en el oído. Los otros dos se aproximaron a ellos mientras se ponían unas chaquetas azabaches.
Uno de los chicos, el más alto y con el cabello un poco más largo que los otros, susurró algo que solo los chicos escucharon, y empezaron con su despedida, así sería como dirían su adiós a todos los chicos de la escuela.
- Entonces, sincronicemos los relojes – dijo el que parecía ser el jefe de aquel grupo, todos miraron sus relojes y los prepararon para lo que iban a hacer, todos a las once en punto – Bueno, Matt y yo estaremos en las dos entradas del cuarto piso, la norte y la sur, sosteniendo las mangueras, ustedes, Andrómeda y Mark, estarán en el tercer piso y justo a la hora, a las once veinte, abrirán la llave al máximo. Los tres octavos empezarán a salir y… Será algo genial, alguien debería gravar…
- Podríamos decirle a Tucker – dijo la chica – él siempre es muy discreto y le gusta gravar nuestras bromas.
- Sí, quizá le diga al chico… No, mejor díselo tú, tú tienes mejor comunicación con él – respondió el chico alto.
- Bueno, entonces le iré a decir ahora mismo, ya son las once con diez minutos… Luego iré a ponerme en el puesto principal – dijo ella levantándose de donde estaban temporalmente sentados, el suelo.
- Esa será lejos la mejor despedida, luego nos juntamos aquí nuevamente – habló Matt, un chico de estatura normal y con facciones simpáticas.
Todos fueron a sus puestos como debían hacerlo.
La chica fue a hablar con el tal Tucker que iba en séptimo, el chico encantado fue con ella. Dejaron una absurda excusa para que la profesora lo dejara salir y se fueron.
Mark ya estaba en su puesto justo a las once con quince minutos. Andrómeda llegó justo a tiempo, a las once y un cuarto. Tucker los gravó en su puesto y luego subió y se puso detrás de Matt esperando lo que iba a pasar.
Pasaron los escuetos cinco minutos que quedaban y Mark con Andrómeda justo a tiempo abrieron las llaves, justo cuando empezó a tocar el timbre para salir. Corrieron al piso de arriba a ver el espectáculo que estarían dando.
Llegaron al cuarto piso cuando estaba saliendo la profesora de lenguaje de la sala y el chorro de agua fue tan grande que ella salió casi volando de ahí. Los cursos empezaron a salir y se encontraban con esta escena divertida, algunos se ponían para mojarse, otros solamente no salían de la sala, y los profesores estaban todos empapados en el suelo.
Todos estaban riendo, disfrutando todo lo que pasaba.
Tucker grababa con gran entusiasmo todo. Sería una buena película cuando lo editara, ya que había gravado a los chicos correr y ponerse en sus puestos. Quizá, después, lo editaría y lo vendería a las próximas generaciones.
Estaba todo muy bueno, cuando se cortó el agua.
Todos se callaron momentáneamente, los cuatro chicos bajaron a ver lo que había pasado. Y lo que vieron los dejó atónitos.
Las mangueras se habían desconectado y el agua estaba saliendo muy fuerte, demasiado fuerte y estaba inundando todo el tercer piso, y otro poco iba bajando las escaleras. Todos se enterarían enseguida de todo, el director, los inspectores, todo el personal y todo el alumnado subirían a ver lo que había pasado.
Los pillarían con las manos en la masa.
Además que, quizá, todo agarrarían una gripe infernal.
Los cuatro chicos subieron lo más rápido que pudieron a la azotea, para despejarse un poco. El cielo estaba volviendo a sonreír, el cielo poco a poco se mostraba de nuevo, celeste como todos lo habían conocido. El sol salió, brillando en todo su esplendor y el arco iris no se demoró en aparecer.
Miraron al cielo y se sacaron las chaquetas, la chica se amarró el pelo.
Se sentaron a descansar, y quizá, a dormir un poco. Todo lo que habían hecho les había dado un cansancio terrible, y además, que hicieron trizas el sistema de aguas. Quizá no era así, pero se los dirían así. Aunque un “arresto” más, uno menos, era la nada. Los iban a encontrar pronto, además tendrían todas las pruebas para castigarlos y darles los trabajos comunitarios dentro de la escuela.
- Chicos, el próximo año… Ya no estaremos juntos, y como que me da un poquito de pena saberlo – dijo la chica mientras los otros ponían atención.
- Quizá, podríamos irnos a un colegio que todos podamos entrar, estar juntos de nuevo… Ya que como estamos somos un grupo genial – dijo Matt, sentándose y hablándoles a los demás. Mark estaba que caía dormido y James, como se llamaba el otro, le pegó un toque en la cabeza para que terminara de despertarse.
- Si, sería buena idea – la chica se puso en una pose como si estuviera pensando algo muy complicado – El Internado Mestrovic, es un colegio donde aceptan a niños con talentos, los pulen y todo eso. Además de que estaríamos juntos – los chicos afirmaron, la idea era muy buena, además sería un internado, dormir ahí sería genial. Tener las noches para hacer travesuras, escaparse y hacer todas las tonterías que ahora no podían.
- Entonces ¿Nos encontraremos el próximo año ahí? – dijo la chica mientras se abría la puerta de la azotea, entrando los inspectores.
- Ahí nos veremos – dijeron todos, mientras caminaban hacia la oficina del director.
Los chicos fueron hacia el director, recibieron el castigo que merecían.
No iban a participar en la licenciatura, en las fiestas sí, pues eso no mandaba el colegio, pero la licenciatura oficial de la escuela, no podría participar.
Sus padres se decepcionarían mucho.
Pero ellos ya tenían el plan hecho por si pasaba eso.
No eran tontos, e incluso este plan lo habían hecho hace bastante tiempo.
Eran los más vivos de la escuela.
- Mis padres se van a morir – dijo Andrómeda mientras sollozaba – Me dejarán sin computador, sin postres, sin televisión, ¡Me matarán!
- Los míos igual… Nunca más me pagarán mesada – dijo Mark mientras se agarraba el cabello de una forma desesperada.
- Cállense ya, llorones, tenemos que sacar el plan B…
En la licenciatura, todo estaba muy bien decorado, habían globos alrededor del escenario, una cortina azul muy bonita con unas letras gigantes que decían “Despedida de la generación 2008” o algo así.
Los padres de todos estaban ahí, incluso de los que no se licenciaron por algunos motivos muy húmedos.
Estaban pasando todos adelante, cuando las luces se apagaron.
Tucker, el chico electrónico, había puesto todo patas arriba.
Empezó a sonar una música muy movida y entretenida, y los cuatro chicos, Andrómeda, Mark, Matt y James, subieron al escenario con una pancarta gigante que estaban afirmando, que decía…
“¡No nos pararán!”
Y todos loa alumnos subieron corriendo al escenario, sin importar los protocolos ni las cosas que habían ensayado, y los globos empezaron a caer, globos de todos colores con diferentes caras que ellos mismos habían hecho, para que no fueran globos aburridos y típicos.
Cuando los inspectores, lo que siempre arruinan todas las fiestas, iban a sacarlos del escenario, James gritó.
- ¡Viva la generación 2008! –
- ¡Viva! – gritaron todos al unísono.
Fue la mejor licenciatura de todos los tiempos. Y Tucker lo había gravado, ese chico era una caja de sorpresas, como lo amaban.
8/7/09
¡Welcome to my Romance!
Jejejeje, no se fijen en el título, no somos cantantes, no hablamos en inglés y no tenemos idea de Gravitation (en realidad, sí, porque nos encanta), pero lo que he querido comunicar hoy son muchas cosas, diferentes, pero todas llevan a un mismo destino:
1º) Estos escritos son pequeños cortos de una novela que estamos escribiendo.
2º) Hablo en plural porque somos muchas.
3º) No nos enredamos mucho, todas damos idea y una la pasa a la máquina, o sea, lo escribe. Pero siempre agregándole más detallitos para que suene mejor, porque las ideas sueltas tienen que tener un conector.
4º) Los personajes son totalmente inventados.
5º) Cualquier parecido con la realidad, es una coincidencia (sí, claro).
6º) El profesor es totalmente inventado, si alguna de ustedes, chiquillas, tiene algún profesor así, las envidio profundamente y quiero decirles que su vida está más que bendecida.
7º) No tenemos algún ejemplo verídico que de los niños de esta novela existan, si así fuera, ya tendríamos las imágenes, y si ustedes conocen a alguno, manden sus imágenes a las administradoras ;)
8º) Cualquier sugerencia es bien recibida, todo es posible.
9º) Magia del corazón no es una simple novela de liceo-internado, es más que eso, es como se llama, Magia del Corazón.
10º) Espero que les agraden nuestros cortos!! ^.^
1º) Estos escritos son pequeños cortos de una novela que estamos escribiendo.
2º) Hablo en plural porque somos muchas.
3º) No nos enredamos mucho, todas damos idea y una la pasa a la máquina, o sea, lo escribe. Pero siempre agregándole más detallitos para que suene mejor, porque las ideas sueltas tienen que tener un conector.
4º) Los personajes son totalmente inventados.
5º) Cualquier parecido con la realidad, es una coincidencia (sí, claro).
6º) El profesor es totalmente inventado, si alguna de ustedes, chiquillas, tiene algún profesor así, las envidio profundamente y quiero decirles que su vida está más que bendecida.
7º) No tenemos algún ejemplo verídico que de los niños de esta novela existan, si así fuera, ya tendríamos las imágenes, y si ustedes conocen a alguno, manden sus imágenes a las administradoras ;)
8º) Cualquier sugerencia es bien recibida, todo es posible.
9º) Magia del corazón no es una simple novela de liceo-internado, es más que eso, es como se llama, Magia del Corazón.
10º) Espero que les agraden nuestros cortos!! ^.^
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